-
home Columnistas, Destacadas El verbo leer, amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo – Karla Chacer

El verbo leer, amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo – Karla Chacer



Titulo la columna de esta semana con una cita de Borges por la siguiente cuestión: cada inicio de año por las redes circulan imágenes e invitaciones a retos de lectura, estos sugieren una serie de lecturas a cubrir a lo largo del año. Desde bestsellers hasta novelas de países que nunca imaginaríamos, las opciones pueden variar. Quienes son asiduos en la lectura podrán ver estas ideas como algo emocionante, pero seamos honestos, algunos de los libros que se sugieren pueden llegar a ser difíciles de encontrar o existe la posibilidad de que varias de las propuestas no llamen nuestra atención; por otro lado, quienes comienzan a despertar su interés en la lectura puede que se sientan abrumados por la cantidad de categorías sugeridas a leer. Si a esto, añadimos el hecho de que también debemos trabajar y cumplir con otras cuestiones, puede suceder que decidamos postergar el reto y pasar a otras labores.

No estoy diciendo que los retos de lectura sean mala iniciativa, solo creo que nos han insertado desde siempre la idea de que leer es una obligación que a muchos les puede resultar poco atractivo tener que cumplir con un régimen de lecturas. Por si fuera poco, las estadísticas del nivel de lectura de los mexicanos suelen mostrar resultados muy bajos, de nuevo se plantea la lectura como algo obligatorio.

Las campañas de lectura donde gente guapa posa con libros nos alejan de la realidad, a ver, ¿cómo alguien se podría sentir motivado a abrir un libro si quienes salen en estas campañas, al menos la mayoría, JAMÁS hablan de sus lecturas? No solo eso, el discurso que manejan es de que si una persona lee se le concederá una ración de estatus, ¡peor, gravísimo error! Esto, contrario a lo que se espera, alimenta diversos estereotipos: el del lector culto y pedante, que leer es difícil, que todos los libros son caros, entre otros.

Entonces, ¿qué hacer para iniciarnos en la lectura o para aumentar nuestra cantidad de libros leídos? La respuesta es sencilla, partamos de aquello que llama nuestra atención, de aquello que nos gusta. ¿Nos gusta la cocina? Busquemos la historia de un chef; ¿la época de la revolución nos atrae?, busquemos historias que transcurran en esa época. No estoy de acuerdo en centrarnos en lecturas del momento, pero si leer historias como Los juegos del hambre nos lleva a leer 1984, bien, no hay problema. A lo que me refiero es que podemos partir de nuestros gustos e intereses y, poco a poco, nos daremos cuenta de que aquellos autores u obras que considerábamos difíciles o de poco interés pueden llegar a ser las historias más fascinantes que podamos leer.

Las opiniones vertidas en las columnas son de exclusiva responsabilidad de quienes las suscriben y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de Monitor Expresso