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Una marea verde – La Opinión de Karla Chacer

La fiesta en Argentina se pintó de verde, abuelas, madres e hijas se unieron en coro para celebrar un paso más cerca del objetivo: la legalización del aborto. Un tema que sin duda ha generado debate, no sólo en Argentina, sino en varios países y con polos muy marcados, quienes están a favor y quienes están en contra.

Desde que los diputados aprobaron la propuesta de ley, las discusiones en redes sociales han adquirido mayor peso, y como considero que quienes mejor pueden dar su punto de vista son aquellas personas que vivieron en piel propia la aprobación de esta ley, les transcribo las palabras de la Diputada Gabriela Cerutti, quien votó a favor de la legalización del aborto. No olvidemos que antes de discutir, debemos dar apertura al diálogo, para ello es importante dejar a un lado los prejuicios y, sólo entonces, podremos comprender de una forma más basta la opinión del otro.



“La verdad es que nos dijeron alguna vez, no hace tanto, que los argentinos éramos los hijos y las hijas de las madres y las abuelas de la Plaza de mayo. A  mí me gusta decir que somos las hijas y los hijos de esas viejas locas de pañuelo blanco, y hoy somos los padres y las madres de esas pibas locas del pañuelo verde. Y las dos, los dos pañuelos, unidos y entrelazados y en diálogo intergeneracional, están construyendo la historia de conquista de derechos y conquista de libertad en este país, en esta comunidad; y están dando sin duda, muchas veces, lecciones al mundo.

Y la verdad es que durante todo el día de hoy hemos escuchado cada cosa, pero hemos escuchado cada cosa. Hemos escuchado que el cuerpo de la mujer tiene que ser una heladera que conserve embriones; lo hemos escuchado comparado con el cuerpo de una perra que tiene que tener perritos para poder regalarlos; hemos escuchado a un diputado diciendo que por suerte solamente le apropiaron los hijos y los hicieron crecer secuestrados, silenciados, clandestinos en casas de apropiadores, solamente eso, a las mujeres que parieron en la ESMA.

Hemos escuchado todo eso y yo a veces me pregunto de qué estamos hablando, de qué estamos discutiendo. Por qué no aceptamos el desafío de las pibas, de les pies, que nos piden que nos deconstruyamos, que podamos repensarnos, que podamos darnos cuenta que el patriarcado ya se cayó, solamente no nos dimos cuenta; solamente todavía no queremos asumir que ya se cayó, y se cayó porque esas pibas y esos pibes, que están hoy en la calle, están desencallando el futuro para volver a poner la utopía en el futuro, y para volver a pensar en una sociedad con derechos.

Como dice el feminismo [que] lo personal es político, yo por eso voy a traer algo personal, sólo desde el lado este, de que lo personal es político; porque acá se habla muchísimo de los embriones y de cuándo empieza la vida y no, y la verdad es que como lo dijo el diputado Lousteau, bueno, no pensamos lo mismo del embrión cuando se descartan embriones o se los guarda en una heladera. Hoy decía el filósofo Malamute: ‘guardado en una heladera nadie es persona, o sea, si hay algo que es un embrión y que se puede guardar en una heladera no estamos hablando de una persona´.

Yo voy a traer una historia personal. Yo llevé adelante un aborto voluntario cuando tenía veintiséis años, tengo dos hijos y perdí tres embarazos. La verdad es que fue menos traumático, menos triste, menos grave, menos todo, el aborto voluntario, porque era voluntario, porque era una decisión. Cuando los abortos fueron involuntarios el embrión tenía, tal vez en algunos casos, más semanas y sin embargo, como era deseado, como era buscado, como era lo que yo quería, fue mucho más triste, mucho más problemático.

Y yo creo que esa es la discusión que no nos estamos permitiendo dar, porque la diferencia entre el aborto voluntario y el aborto involuntario es el deseo. Y lo que no queremos discutir es que las mujeres tengamos derecho a ejercer nuestro deseo, tengamos derecho a ejercer nuestra libertad. Lo que no queremos discutir es que las mujeres tengamos derecho a elegir nuestro poder, y no lo queremos discutir porque hombres y mujeres, en el patriarcado, y no solamente hombres, hombres y mujeres en el patriarcado, y hoy hemos escuchado muchas, se niegan a soltar un poco de ese poder porque creen que queremos gobernar sobre hombres o queremos gobernar sobre otros. No señores, queremos gobernar sobre nosotras mismas, no queremos gobernar sobre los hombres, queremos gobernar sobre nuestros cuerpos, queremos gobernar sobre nuestro deseo, queremos gobernar sobre nuestros sueños.

Las mujeres no creemos que el poder es una ecuación cero y que hay que sacarle al otro para tener poder, las mujeres sabemos que somos el poder, que tenemos el poder, que el poder está en nosotras y que no se lo sacamos a nadie. Relájense, el único palacio de inverno que queremos conquistar es el de nuestra vida. La única bastilla que queremos derrocar es la de aquellos que nos impiden llevar adelante nuestros sueños y nuestros deseos.

Seamos capaces de mirar un poco por afuera, de esta mansión, de estos cortinados, de estas alfombras. Salgamos del pasado. Yo sé que este edificio monumental a veces nos lleva a no darnos cuenta que estamos repitiendo discusiones de hace muchísimo tiempo, discusiones de siglos atrás.

Seamos capaces de deconstruirnos y de pensarnos, seamos capaces de entender que cuando hablamos de sororidad de las mujeres, de lo que estamos hablando es de que el sufrimiento no es privado, la alegría no es privada; somos capaces de generar empatía, y lo hemos hecho en este proceso y no quiere decir que todas las mujeres y los hombres estamos juntos en este proceso, nos hicimos amigos o nos queremos, quiere decir que tenemos la decisión ética y política de compartir una visión de una sociedad más justa, donde tenga derechos.

Qué vienen a hablarme del embrión que no puede ser descartado, lo descartan cuando tiene cinco, diez, quince años. El embrión tiene que nacer para darlo en adopción, pero no se lo van a dar en adopción a una pareja homosexual. Qué más quieren hacer para normativizar la vida de los otros. La discusión que hoy estamos dando es que cada uno puede vivir la vida a su manera, y que las mujeres tenemos derecho a poder ejercer nuestra libertad y nuestros deseos, y que nuestro cuerpo, ese cuerpo que aparece en la ley como cuerpo gestante, porque de eso se trata, no es una heladera, no es una perra, no es algo sobre lo que nosotros acá podamos decidir qué es lo que estamos haciendo.

Yo les digo, y ya termino, presidente, les digo solamente una cosa:

Acá se habla de libertad de consciencia. Yo no tengo libertad de consciencia cuando estoy acá adentro, legislando y votando, porque a mí no me votaron por mis convicciones personales, a mí no me votaron por mi religión, a mí no me votaron por lo que yo siento o pienso en algún lugar, o por la literatura que leo o por los libros que leo, a mí me votaron para representar un momento histórico, para representar las demandas de un momento histórico; yo no tengo íntimas convicciones cuando estoy acá adentro, mis convicciones son políticas, son públicas. Como legisladores, la única obligación que tenemos es ser capaces de representar el sujeto que mejor exprese el mayor punto de consciencia colectiva de la comunidad en un momento, y ese mayor punto de consciencia colectiva de la comunidad argentina, hoy, ese sujeto está allá afuera en la calle, tiene un pañuelo verde, es feminista y es joven, no los queremos afuera de esta historia.”

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