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Tantita madre, tantita nada más – La Opinión de Benjamín Mendoza

Resulta que hoy se burlan y muestran su indignación ante las palabras de Obrador, las cuales señalan y acusan al neoliberalismo, de ser el culpable de la descomposición y el resquebrajamiento del tejido social del país. Hoy se enojan por esas palabras certeras que ponen de relieve a los culpables de la putrefacción colectiva que hoy nos presenta el daño físico extremo, el sometimiento sexual y el dolor emocional de familiares de víctimas, como un espectáculo subnormal digno de una película gore, sin importar que una infante y sus padres, con todo lo que esto significa, funjan como protagonistas. Hoy se burlan de la tragedia que significa que los tres niveles de gobierno y los tres poderes de la Federación no puedan parar la sangre que corre todos los días, hoy se ríen porque en un año, no se ha revertido la historia.

Si como izquierda podemos reprochar algo a ésta administración en éste rubro, para no perder la costumbre de la autocrítica, es qué, por un lado, la estrategia de seguridad en lo general no ha funcionado, que el bienestar logrado no ha alcanzado, por otro, que las cosas no se dicen abiertamente y con todas sus letras. Es cierto, nos ha hecho falta bienestar, los tres niveles y los tres poderes, con honrosas excepciones, no han dado el ancho y más que eso, parecen aferrarse al viejo régimen priorizando intereses personales portándose como tanto dijeron que no se portarían, pero también es cierto que cuando presenciamos el horror en el que vivimos, faltan letras y nombres en el espacio designado para la culpabilidad. El capitalismo rapaz y bestial, ese que convierte en mercancía hasta el placer, sin importar de donde venga, es el culpable. Ese sistema que deshumaniza para fetichizarlo todo, ese sistema que genera bestias y no personas mediante la competencia, que produce y mantiene desigualdades aberrantes, que nos consume con sus ideas de éxito mientras protege y encumbra lo peor de nosotros sin diferenciar el género, ese régimen de la mercancía que goza de impunidad absoluta porque bajo su lógica todo, hasta la verdad, es una mercancía y quien tiene más saliva, termina comiendo más pinole, ese estadío de la historia que simplifica y agudiza las contradicciones de clase, ese es el culpable. Hay que decirlo presidente, tenemos un mundo y un país, horrible, usted es el responsable de hacer algo para que esto cambie y seguiremos esperando cambios porque tenemos esperanza en usted, es cierto, pero sin temor presidente, hay que decirlo, hay que señalarlo, aunque los empresarios se asusten, que no le tiemble la mano, usted no es el culpable, el culpable es capitalismo.

En el mundo de la hipocresía, los honestos siempre seremos los malos. La violencia desenfrenada en todos los aspectos que no sólo se remite al género, tiene 50 años dominando la escena pública, con altibajos correspondientes a distintas épocas y convulsiones sociales, la violencia hoy día ha pasado de ser un mecanismo rector del comportamiento público (como lo fue en los años 60s) a ser un mecanismo de terror cuyo origen es más profundo que una reforma o una conferencia. Para responsabilizar al presidente y a la 4T se necesita ser muy ingenuo, o lo bastante perverso, pues es la única condición bajo la cual alguien puede, si quiera, afirmar que quienes han ejercido la violencia durante años hoy no la siguen ejerciendo con fines lucrativos de altos vuelos, ya sean políticos o económicos, legales o ilegales, sólo alguien bajo esta condición podría omitir que quienes pedían mano dura para profesores y estudiantes, se divertían con la tragedia de los normalistas y sus familias, con los bebés de la Guardería ABC, sentenciaban merecimientos a las víctimas de desapariciones forzadas y mandaban a las mujeres a la cocina ante una eventual protesta feminista, no son los mismos hipócritas y cínicos que hoy se rasgan las vestiduras y hacen juego del descrédito bajo la idea fascista de emitir opiniones intolerantes, irresponsables e idiotas por tener el derecho a hacerlo.

Y a todo esto, ¿Qué tenemos que decir de las religiones como instituciones, iglesias, mezquitas, sinagogas, centros religiosos de reunión donde el machismo se transmite bajo el sello divino y a la mujer se le reduce a mero complemento del hombre sin importar cuan violento sea el procedimiento? O mejor aún, ¿Qué tenemos que decir de las escuelas como instituciones educativas, incluyendo las de nivel superior tanto públicas como privadas, donde en lugar de educar con equidad y perspectiva de género, se educa bajo estándares altamente heteropatriarcales y sumamente competitivos honrando al individualismo y al capitalismo como únicas doctrinas de la realización personal propuesta por el “Dios dinero”? ¿Qué opinan los gobiernos locales de que la gran mayoría de estos delitos son del fuero común? ¿Qué hacen ellos ante tales eventualidades? Lo mismo que han hecho durante décadas, nada. La responsabilidad del Ejecutivo Federal es buscar alternativas, no quedarse de brazos cruzados, intentar que esto suceda cada vez menos, pero es la única, no otra.

Que se vayan de joda los opinólogos de ocasión, mentadores de madre ocasionalmente furibundos y los indignados iracundamente conmovidos como siempre lo han hecho, al cabo de unos días se olvidarán de Fátima y volverán a su agenda reaccionaria del “no a la despenalización del aborto”, “la dictadura obradorista” y “los contrapesos y organismos autónomos asaltados”, el presidente tendrá que seguir trabajando y buscar soluciones inmediatas a éstos problemas, además de entender que en el viejo arte de la política, una cosa significa tener el gobierno, y otra significa tener el poder, a los demás, no nos queda más que seguir abonando a la transformación de nuestro país, desde el ámbito personal direccionando nuestros actos al ámbito colectivo, cuidar a nuestros niños y nuestras compañeras mujeres en dicho proceso, y claro, siempre exigirle a los detractores hipócritas del gobierno en turno, que tengan tantita madre, tantita, nada más.

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