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Sin mujeres no hay democracia – La Opinión de Héctor Marín Rebollo

El maestro Lombardo Toledano tenía por costumbre desarrollar con profundidad, amplitud y con suficiente información un tema y culminarlo con una frase sintética, como es el del título de este Combatiente.
Antes de fundar el Partido Popular Socialista organizó a las mujeres revolucionarias de México y propuso que ellas pudieran votar y ser votadas para puestos de elección popular. Fue hasta con el gobierno de Miguel Alemán que a las mujeres, como si fueran menores de edad o como si fuesen “tontas”, ese gobierno les “permitió o concedió” que votaran sólo en elecciones municipales.
Las opiniones de Lombardo y de su partido, el PPS, y de otras organizaciones progresistas hizo posible que hasta el gobierno de Ruiz Cortines se aprobara que la mujer pudiera votar y ser votada en todos los puestos de elección popular.
El electoral es un caso especial que como se sabe se inició con el gran movimiento de las sufragistas en Inglaterra, pues la burguesía pensaba, como Napoleón, que las mujeres sólo servían para procrear, y que la política electoral les resultaba imposible. Opinión poco seria, pues no se
han necesitado leyes para que las mujeres sean inteligentes y para que participen en la vida social, cultural, educativa, financiera, laboral, política y artística de nuestro país y del mundo.
La historia de todos los pueblos del mundo está llena de ejemplos como los de Cleopatra, Hipatia, (plasmada por Rafael Sanzio en La Escuela de Atenas), Sor Juana de Azbaje, Rosa Luxemburgo, Carmen Serdán y Clara Zetkin, quien escribiera: “la mujer proletaria lucha mano a mano con el hombre de su clase contra la sociedad capitalista”; como Indira Gandhi, como Dolores Ibárruri, La Pasionaria española, Emmeline Pankhurst, la sufragista británica; miles de revolucionarias mexicanas anónimas; y las cubanas Vilma Espín, Haydee Santamaría, Celia Sánchez y Melba Hernández.
Pues bien. Durante los milenios que duró el comunismo primitivo no hubo ninguna diferencia entre el hombre y la mujer. La lucha de las mujeres arranca desde el momento mismo que con el establecimiento del sistema esclavista perdieron su absoluta igualdad con el hombre. El feudalismo las redujo aún más y las fanatizó la negativa influencia de la religión oscurantista. El capitalismo las
explotó más que a los varones. Las limitó, las considera tontas e inútiles. Sólo en un nuevo
sistema de la vida social las mujeres ganarán nuevamente su sitio ideal: en el socialismo.

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