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Si se apaga Balderrama – La Opinión de Benjamín Mendoza

A mediados del siglo pasado, Antonio Balderrama era dueño de uno de los lugares más emblemáticos para el folclore latinoamericano, después de la fundación de la peña, con sus hijos al frente, Leguizamón y Castilla compondrían la zamba que Mercedes Sosa inmortalizaría en el escenario mundial y que hoy, tomamos como analogía, siendo “La Peña Balderrama” un lugar que acoge al desgraciado para hacerle olvidar, al menos momentáneamente, entre música, poesía, alcohol y mucho folclore, su enorme pena.

A orillitas del canal, cuando llega la mañana, sale cantando la noche, desde lo de Balderrama. Evo Morales, presionado por las fuerzas armadas, en medio de un clima de inestabilidad y violencia, renunció como presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, tras 14 años en el poder, el proyecto socialista más exitoso de los últimos tiempos ha dejado de existir, los enemigos de la democracia han asestado un golpe mortal al corazón de Latinoamérica, mientras los indios lloran desde la pampa hasta el desierto de Colorado, el odio ha triunfado hoy sobre la paz.

Evo es indígena, sindicalista, cocalero, pobre y socialistas, pero sobre todo, un patriota. Desde la conquista del ejecutivo boliviano en el lejano ya 2005, Evo se planteó liberar a Bolivia de los capitales internacionales, dotarlo de soberanía y desarrollarlo, sacar al FMI pero, sobre todo, sacar del país andino a su más grande enemigo, la pobreza. Con temblores y bagualas, como un lucero, solito al brote del alba, Evo Morales le dio forma y modernidad, junto a todo su gabinete y de la mano del MAS (Movimiento al Socialismo) y los sectores populares, a una Bolivia bronca, olvidada, ajena a los procesos de cambio mundiales, oprimida, miserable, alejada del mundo, salvaje, bestial, ecosistema de la desigualdad, del imperialismo.

La Bolivia de la “Generación Evo” dista mucho de la Bolivia de la Revolución Nacional del cincuenta y dos, de la que asesinó por mandato yankee al Ché y de la que combatiría García Linera con los kataristas hasta su aprensión en 1992. Tras años de olvido y marginación, de enriquecimiento de elites racistas, de explotación y saqueo, la marea rosa trajo consigo al primer presidente indígena de la historia boliviana y con ello la visión de la

historia en otro sentido, el sentido de ese 65% indígena que a pesar de ser mayoría nunca había sido escuchado, el sentido histórico de un sector mestizo sobajado y subcontratado por intereses transnacionales.

Hoy Bolivia presume una reducción de la pobreza de más del 60%, un ingreso per cápita triplicado, una esperanza de vida de 5 años mayor, la nacionalización del sector energético y un crecimiento del 5% anual, siendo el país más próspero en la región en los últimos años. En cada vaso de vino, tembló el lucero del alba, y ante las denuncias falsas de “fraude electoral” que ni si quiera son apoyadas por la OEA (Organización de Estados Americanos), las acusaciones de control estatal y manipulación de los poderes bajo la consigna de llamarle dictador, algo muy común en las derechas, Evo Morales salió de su patria en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana con los golpistas ejecutores del Plan Cóndor pisándole los talones.

Los pecados de Evo, si es que nos permitimos señalar algunos, no son más grandes que sus aciertos, incluso, suenan a pretextos. Una clase media en pleno desarrollo, una sociedad profundamente clasista, un modelo educativo sin una orientación política marcada, un sentimiento xenófobo y racista fundando en la herencia cultural de los antiguos poderes coloniales, una élite que se rehúsa a perder sus privilegios de clase cuyo origen es de raza, un movimiento que no maduró políticamente, una o dos inconsistencias, un ejército que no respeta la Constitución, 14 años en el poder siendo aimara; todo eso en una licuadora, es explosivo.

Cantamos por la media noche, lloramos por la madrugada. El gobierno mexicano ha hecho su parte, esperando que el pueblo boliviano, el cual se bate hoy día en las calles de La Paz, salga avante, el gran Evo se mantendrá por un tiempo en la congeladora, lamentándose por el enfrentamiento que intentó evitar con su renuncia y que a cada hora que pasa se vive inminente pero, al mismo tiempo, fortaleciéndose, preparándose para su regreso triunfal a la refundada Bolivia que dejó, haciendo valer la máxima allendista de “los procesos sociales no se detienen, ni con el crimen, ni con la fuerza”, Evo sabe que aún no es momento de cabalgar en la inmortalidad al lado de Tupac Katari, aún no. Balderrama hoy cerró sus puertas más temprano que de costumbre, el refugio de los necesitados, de los tristes, de los desdichados, de los que no tienen derecho a la felicidad, hoy se ha apagado

momentáneamente, pero nunca para siempre, porque Evo es sinónimo de lucha, porque Balderrama es Evo y Evo es Balderrama, además ¿A dónde iremos a parar, nosotros, “los nadie”, si se apaga Balderrama?

Volverán con la Wiphala y serán millones