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Senado compensa a Romero Deschamps por su traición a los petroleros

Para Eloí Vázquez López resulta imperdonable que el Senado de la República haya cedido a los chantajes de Carlos Romero Deschamps, líder del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), y nuevamente mantuviera sus privilegios, avalado por el PRI, el PAN y el PVEM.

La reforma energética que en el discurso oficial beneficiaría a los mexicanos, en el plano sindical permite que se mantengan los vicios de la cúpula sindical, sin que estén claros los avances para los trabajadores.

La fuerza de Carlos Romero, es muy grande porque en la plantilla laboral de Pemex el 67.3% es personal sindicalizado, es decir, 101 mil trabajadores de un total de 150 mil; el resto, son empleados de confianza.

Ahora bien, quedó claro el verdadero motivo por el cual, en la celebración del 76 aniversario de la expropiación petrolera, evento realizado en la planta petroquímica de Cosoleacaque, Veracruz; el senador y líder del STPRM, Carlos Romero Deschamps, se mostró tranquilo, relajado y hasta envalentonado, dándose todavía el tiempo para respaldar en su discurso los cambios privatizadores en el sector energético propuestos por el Gobierno Federal. Valor que no tuvo para intervenir en la Tribuna del Senado, porque su costo frente a los trabajadores y el pueblo de México sería mayor.

Acostumbrados a que en nuestro país no pasa nada cuando se está al amparo del poder, se ha pasado por alto que en su desempeño como líder sindical, exhiba bienes, junto con sus hijos, con un valor mayor a sus ingresos, en contraparte con la modesta forma de vida de sus agremiados. Además de que es por todos conocido que él es el responsable de operar la “caja chica” del PRI en los tiempos de las campañas electorales, como sucedió, por ejemplo, en los comicios del año 2000, cuando el hoy legislador fue acusado por haber desviado casi dos mil millones de pesos de su sindicato para la campaña del entonces candidato del tricolor, Francisco Labastida Ochoa. Razón por la cual el IFE sancionó a su Partido con una multa equivalente, que entre otras cosas, contribuyó a sembrar su derrota en 2006.

Casualmente, el día que inició la discusión de la reforma energética, el impresentable líder sindical y senador, Romero Deschamps, abandonó las instalaciones del Senado y no participó en la votación para no “entorpecerla”.

Emilio Gamboa, coordinador del PRI, tuvo que excusar la inasistencia del líder sindical aduciendo que “se encontraba en la dirección de Pemex firmando la revisión salarial del contrato colectivo de trabajo”, como si no pudiera haberlo hecho en otro momento ante la importancia que reviste el tema a discusión por el que cobra un nada despreciable sueldo como Senador de la República.

Estos son algunos de los motivos por los que indigna que de última hora, los senadores del PRI, el PAN y el Partido Verde, por enésima ocasión en contra de los intereses populares modificaran el dictamen de la Ley de Pemex para garantizar que Carlos Romero se mantenga intocable y con privilegios.

El beneficio a la burocracia sindical encabezada por Romero Deschamps, radica en que en la Ley de Pemex se modificó el artículo 43, para que el Consejo de Administración regule la contratación, evaluación y remuneraciones de los trabajadores, lo cual es un beneficio para el Sindicato de Pemex, ya que su Comité de Recursos Humanos y Remuneración “propondrá al Consejo de Administración de la paraestatal la política de contratación, de evaluación del desempeño y de remuneraciones del resto del personal de Pemex”. Este tercer dictamen fue avalado por 89 votos a favor del PRI, PAN y PVEM, frente a los 27 votos en contra del PRD y PT, después de más de 12 horas de debate.

En éste apartado, señaló el Comisionado Político Nacional, los legisladores demostraron su protección a uno de los líderes sindicales más cuestionado y corrupto que se haya documentado en nuestra historia política actual. Y aclaró, no se está en contra de que mejoren sus condiciones de trabajo quienes laboran en Petróleos Mexicanos, a lo que hay que poner fin es a los privilegios de esa cúpula que se ha beneficiado del trabajo de sus agremiados, que mantienen sus privilegios desde que Romero Deschamps llegó a la secretaría general del gremio en 1996. Lejos de proponerse una libertad sindical plena, como se había esbozado en acercamientos anteriores, la derecha gobernante y la derecha opositora, confirman la prolongación del control sindical en manos de los charros. No se puede hablar de modernización mientras persistan las estructuras de control corporativo del viejo sistema político mexicano, como bien lo señaló Arnaldo Córdova en su momento.

Basta recordar, abundó, que cuando inició la discusión del paquete energético se planteó modificar la relación Pemex-Sindicato, enviando el mensaje de que se terminarían las canonjías de Carlos Romero, lo cual siempre ha sido un objetivo de la izquierda. Sin embargo, todo quedó en palabras, y fue otra “cortina de humo”.

Por último, Eloí Vázquez, ejemplificó el engaño sucedido en el Senado de la República, citando una declaración reveladora del doble discurso que manejan a la perfección los integrantes de las fracciones del PRI y del PAN, ésta corresponde al Senador panista Ernesto Ruffo, de diciembre de 2013: “La reforma necesariamente debe tocar al sindicato de Pemex para terminar con la corrupción y la carga onerosa que representa su contrato colectivo.