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Sé quién eres, conservador, yo te conozco – La Opinión de Benjamín Mendoza

Encendí la tv y ahí estabas, en el noticiero de las diez, en el programa de las once, en la película de las nueve. Encendí mi ordenador y vi tu fotografía en Venecia con filtros de Instagram, te leí en Twitter, me reventé todo tu pleito de publicaciones en Facebook.

El otro día te vi en la calle, cerraron la Avenida Madero unos comuneros alegando violación a sus derechos, tú caminaste por la acera contraria a Palacio, junto a Catedral, después de persignarte y procurar tener el menor contacto con la muchedumbre, les gritaste –pónganse a trabajar huevones. Dos cuadras después sacaste tu celular inteligente, el de la manzana, para tomarte una fotografía, pues ibas en ropa deportiva. Entraste al VIPS, te tomaste un café mientras ninguneabas al mesero, con asombro, saliste rumbo al estacionamiento mientras con desprecio veías como la avenida seguía cerrada. Rumbo al campo de golf pensabas que -esos indios revoltosos seguro se lo habían buscado. No sé cómo te llamas, pero sé quién eres, conservador, yo te conozco.

Haces triatlón en Valle De Bravo tres veces al año en tu bicicleta de 80 mil pesos que te regaló tu papá y le regateas al de la tienda por un Gatorade. Mientras lo bebes, acusas con tus amigos que no hay apoyo para el deporte, bueno, solo para el beisbol y el supuesto estadio del hermano del presidente.

Llevas al cine el fin de semana a tus hijos, ellos, sin culpa y prestos a ver una película, gastan, con tu tarjeta de crédito, ¡obvio! en chatarra lo que un jornalero en el norte gana en una semana. Mientras 80 millones no tienen que comer, piensas en que es un gustito que puedes y mereces darle a los tuyos.

Llegas a un restaurante y maltratas al mesero, no te importa que tenga que atender cinco mesas al mismo tiempo y tú recién hayas llegado. -¡Es su trabajo! -¡sino le gusta puede buscarse otro! -¡hubiese estudiado para no terminar aquí! Exclamas, mientras compartes en tus redes sociales lo bonito que se ve el día desde la terraza con vista a la ciudad que te otorga el hecho de comer en uno de los lugares más caros del estado.

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Compartes noticias falsas en tus redes, luego las réplicas con tus amigas. Sin el menor rigor y sustento, aseguras que son verídicas, no investigas al respecto, pierdes el día apretando el botón de retwitt en el perfil de Denise Dresser, viendo Latinus, alabando a Víctor Trujillo por que el sí es una voz disidente.

Te haces el sabiondo en temas políticos. Tus maestros en lo que tú denominas “el arte de lo posible” son tus amigos, políticos de traje y vestido, “políticos de verdad”, los que se juntan con las élites y te cuentan que ya todo está arreglado, que todo se construye en mesas, que hacer política es sentarse y acordar, negociar, repartir. -El presidente actual está resentido, dices, porque no había podido robar, todos y todas, como si fueras un amante despechado, afirmas, -¡son iguales!

Vas y vienes de la iglesia, pero olvidas los mandamientos. Los fines de semana sirves en el curato de tu colonia, impartes pláticas sabatinas sobre catecismo. Al tiempo que recolectas la limosna le coqueteas al sacerdote, no importa que a este le gusten los niños o las niñas, a ti te gustan los hombres de Dios. -¡Es una guerra contra la religión de México! Gritas en las caravanas de autos convocadas por el FRENAA, aunque por receta de vida tengas los siete pecados capitales. No interpretas el verbo de Jesús cuando echó a los mercaderes del templo, para ti es sustantivo, nunca verbo.

Sostienes hasta el cansancio que los pobres son pobres porque quieren. Presumes tus logros personales, como has viajado por el mundo, como te has graduado de la universidad y hasta doctorado tienes, todo en las mejores y más prestigiosas universidades del país y del extranjero, pero nunca nos cuentas quien ha pagado todo eso.

Tu primer trabajo, tu primer auto, tu departamento, todo es producto de tu esfuerzo, -los pobres quieren todo gratis sentencias en medio de risas, -yo pago impuestos, sentencias de forma soberbia nuevamente, con los cuales mantienen a los “ninis”. Cabeza hueca, todos pagamos impuestos, pero seguro tú eres especial.

Todo lo que defiendes lo haces con un interés personal, aunque más mezquino que personal. Defiendes a Silvano Aureoles porque te dio trabajo en el Gobierno del Estado, defiendes al PRI y a Don Fausto porque ellos si te dejaban robar a escondidas, defiendes al PAN porque sus fiestas eran lo suficientemente depravadas y lo suficientemente hipócritas como para que alguien revele que tu homofobia esconde tu homosexualidad, defiendes a Cristóbal Arias porque te prometió una chambita.

Comúnmente utilizas tu lugar de privilegio para acosar cándidamente a tus compañeras. Tu lema laboral, -si quieren algo deben ganárselo.

Estas en contra de la despenalización del aborto, pues tú si puedes pagar un aborto clandestino en una clínica privada.

Criticas el pésimo manejo de la pandemia pero te la pasas de fiesta todo el fin de semana.

Criticas que a los pobres los “mantenga el gobierno”, pero cada bimestre cobras con tu tarjeta de Bienestar.

Te sientes empresario, uno muy afectado debido a que el gobierno no ha dado apoyos económicos a las PyMES. Yo sé que tu local de Herbalife ya no vende igual, pero tú ni por mera puntada has ingresado a la página de bienestar para solicitar uno de los tantos créditos anunciados. El culpable de una es el comunismo.

En el antro comentas -El presidente es un naco, no tiene porte, no tiene facha, viaja en avión comercial, tiene un Jetta 2010. Después de unos daiquiris preguntas a la junta de borrachos -¿Qué clase de político es? -¡Ha de ser populista! meditas mientras manejas ebrio y ves la fotografía de Biden que traes en tu teléfono celular.

A todo el mundo le dices que AMLO es corrupto, la fábrica de chocolates de sus hijos es la prueba. Te contradices, -¡Ya se vacunó! -¡Ya se enfermó! -¡Ya se va a morir de COVID! -¡Todo fue una cortina de humo!

Quieres mano dura para la delincuencia organizada, eres la primera que soborna al policía en un retén porque encontraron en tu bolsa un gramo de cocaína. Te ponen una mano encima y lloras como recién nacido.

Sé quién eres, conservador, yo te conozco, con tu aire de patancito, con tu aire de princesita, deberías agradecerle a Dios, a tu Dios, que la transformación del país ocurrió, en esta cuarta etapa, por la vía democrática, por la vía pacífica, que, si llegan los tiempos de revolución, lastre de la humanidad, ¡voy a por ti y te fusilo!

Nunca lo olvides, se quién eres, conservador, yo te conozco.

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