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El regreso del Tastoán – Parte I “La batalla por la identidad”

Tonalá, Jalisco.- La muerte, como amenaza, le viene a la cabeza. Don Rodolfo está tocando los mismos intereses que a su padre le provocaron represalias: anónimos bajo de la puerta. Amagos. Amenazas para que se desapareciera.

Él sabe de barro, pero eso de enfrentarse al poder y la ambición… no se modela como loza. Aún así, Don Rodolfo está decidido: encabezará la lucha para regresarle su lugar a la comunidad indígena de Tonalá.



“Ya nos metimos a la danza de los tastoanes. Ahora le entramos a los cuerazos”, compara. Se alienta.

La comunidad indígena de Tonalá ha permanecido históricamente sin reconocimiento. A pesar de que se ha preservado desde tiempos prehispánicos, se ha manejado entre comisiones internas o periodos de desarticulación que no obstante, han administrado situaciones como cesión de derechos sobre tierras.

La negación a su existencia tiene un trasfondo, estima Don Rodolfo Pila Reyes, comunero de Tonalá y quien actualmente encabeza la reorganización indígena en el Municipio. Es la presión que existe sobre sus tierras, las que les han sido despojadas desde la Colonia y las que aún conservan como comunidad. Antes, los españoles, y ahora, funcionarios municipales y particulares, se han adjudicado terrenos comunitarios ante la laguna jurídica que mantienen.

 

Existen al menos seis predios rústicos “libres” de la comunidad indígena que aún no han sido objeto de adjudicaciones y el terreno donde actualmente reside Don Rodolfo, casi en la conclusión del área urbanizada de Tonalá.

Folklor sí, comunidad no

El grito de “aixcaquema” (hasta tu muerte o la mía) que retumba en la garganta de los guerreros. Los combatientes cubiertos con máscaras, que simulan rostros deformados por la rabia ante el despojo que se les venía… Es la danza de las tastoanes, la manifestación cultural más significativa de la comunidad indígena de Tonalá.

Es una tradición de siglo atrás, y representa cómo luchó el pueblo en contra de Nuño de Guzmán, cuando llegó a colonizar occidente. Don Rodolfo es uno de los líderes que ha retomado la dirección de la representación cada julio, en el Municipio.

“Soy la cuarta generación de la danza de tastoanes. Mi bisabuelo, abuelo, papá y retomamos (la representación). Ahora traigo hijos y nietos. Manejo 200 años de tradición en la que representamos la resistencia, la defensa y el derecho”, resume.

Dentro del Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado, la Secretaría de Cultura de Jalisco sí reconoce formalmente esta manifestación indígena dentro de su catálogo público. Sin embargo, a sus autores, no.

La comunidad está. Sabe que es. Pero, oficialmente, no existen.

El 28 de  noviembre de 2015, el Gobierno del Estado publicó en su Periódico Oficial el padrón el “Padrón Inicial de Comunidades y Localidades Indígenas del Estado de Jalisco”, en donde no existe registro alguno del pueblo originario de Tonalá.

El 20 de enero pasado, a través de la Comisión Estatal Indígena (CEI) se lanzó una nueva convocatoria para la actualización del Padrón. Aunque según datos del Gobierno federal, las condiciones del 55.5 por ciento de la población originaria se ubica entre la alta y muy alta marginalidad, el llamado de la CEI se encuentra en el sitio web del organismo.

Este emplazamiento se convertirá en el punto de partida para retomar la formalización legal de la comunidad, lucha que inició en el siglo anterior el padre de Don Rodolfo, Miguel Pila Galán.

La lucha

Hace más de 40 años inició el proceso para la formalización de la comunidad, a través del primer elemento: la formalización del territorio.

Luego de que se publicara ante la solicitud de Reconocimiento y Titulación de Bienes Comunales de la comunidad de Tonalá, en agosto de 1970 el Gobierno federal envió un oficio de comisión para iniciar con los trámites, un censo y la definición de los representantes, de acuerdo con los documentos a los que Monitor Expresso tuvo acceso.

Según consta en las copias certificadas con sello del Registro Agrario Nacional – órgano de la Secretaría de la Reforma Agraria–, en la elección resultó Miguel Pila como representante propietario. Respecto al censo, se determinó la existencia de “47 jefes de familia, 24 solteros mayores de 16 años, 7 cabezas de ganado mayor, 51 cabezas de ganado menor”.

 

Cuando el trámite estaba en marcha, falleció la esposa de Miguel. El entonces representante cayó en un estado depresivo, sin ánimo de dar seguimiento al proceso. El momento fue aprovechado por una comisión que lo declaró muerto y junto con un grupo externo se apropió de la representación de los comuneros, antes de que saliera la resolución presidencial sobre el caso. Continuaron algunas cesiones de derecho, pero la comunidad no tuvo certeza ni conocimiento de su estatus legal.

Años antes de fallecer, Miguel Pila reactivó el proceso para regularizar a la comunidad. El 29 de agosto de 1999 encabezó una asamblea extraordinaria y en segunda convocatoria, fue reelecto como representante y Don Rodolfo, quedó como su suplente. De dicha reunión consta registro en el Tribunal Unitario Agrario Distrito XV, Dirección de Asuntos Agrarios del Gobierno del Estado, así como en el Registro Agrario Nacional. No se avanzó mucho, y luego de la muerte del representante la organización quedó dispersa.

La esperanza

En septiembre del 2017, Rodolfo Pila se integró a una queja presentada ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ) por un grupo de ciudadanos, que denuncian la responsabilidad municipal y estatal por las consecuencias de la urbanización que impacta la cuenca del Río Azul, en Tonalá. La problemática que aborda la queja es tan amplia, que también incluye la omisión en el reconocimiento indígena en el Municipio.

De esta forma, se ha iniciado el reclamo institucional para la adscripción legal de la comunidad.

Paralelamente el 12 de marzo pasado, Don Rodolfo inició una convocatoria para erigirse como Asamblea General Comunitaria, según mandata la Ley Agraria vigente, para formalizar el resurgimiento de la comunidad.  Se realizó seis días después, en el mismo domicilio en el que, años atrás, su padre comenzó todo.

Los comuneros presentes aceptaron iniciar el proceso de reconocimiento ante la CEI. Otros acuerdos, como el nombre del representante oficial, se tomarán en los días siguientes.

El camino está moldeándose.

“Si no llegamos a la meta, cuando menos quedamos en la historia”, anticipa Don Rodolfo, en contra esquina de su horno de barro.