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Razones por las que la gente engorda aunque coma poco

Fotografía/vitonica.com

España.- Ganar o perder peso es, simplificando algo las cosas, el resultado de un balance entre adquisición y gasto de energía. El organismo adquiere la que asimila a partir del alimento ingerido. Y debido a las actividades que desarrolla también gasta energía, la pierde en forma de calor disipado.

Las actividades son muy variadas: unas son las necesarias para el normal funcionamiento de los sistemas orgánicos (actividades cardiacas, renales, nerviosas), entre las que se incluye el mantenimiento de la temperatura corporal. Otras están ligadas a la renovación y reparación de células y tejidos. Están, por otro lado, las responsables de la síntesis de nuevas estructuras. Por último, también las musculares implicadas en el ejercicio físico. Cuando la adquisición de energía supera al gasto, el organismo gana masa. Si el gasto es mayor que la asimilación de energía ocurre lo contrario.

Dicho de esa forma las cosas parecen muy sencillas. Aunque en estos asuntos nada es tan sencillo como pueda parecer, la adquisición de energía es un término relativamente simple. Hay dos factores principales a considerar: la cantidad de comida y su composición, que afecta a su contenido energético y a la facilidad o dificultad para digerirla y asimilarla. El gasto de energía tiene más complicaciones porque influyen diversos factores.

Si tenemos en cuenta cuáles son los determinantes de los elementos de adquisición y gasto energético, a nadie sorprende que el sobrepeso y la obesidad hayan alcanzado una gran prevalencia en las sociedades actuales. Hay mucha comida y, además, en general tenemos predilección por alimentos suculentos, de alto contenido energético y fácil absorción. En lo relativo al gasto tenemos una notable tendencia al sedentarismo y la inactividad física. Vivimos además en entornos de gran confort térmico: difícilmente nos encontramos en condiciones que obliguen al organismo a gastar mucha energía para mantener estable la temperatura corporal.

Todos conocemos personas que, aunque sean delgadas, no se privan a la hora de comer. Quienes engordamos con facilidad los contemplamos con envidia, conscientes de lo duro que resulta limitarse ante una buena mesa, no picar entre horas o sufrir corriendo por las calles, o pedaleando de manera desaforada encima de una bicicleta estática. Lo contrario también nos resulta conocido, personas que parecen no comer gran cosa y que, sin embargo, tienen excesivo peso.

¿Por qué ingiriendo similares cantidades de alimento y manteniendo parecidos niveles de actividad física unos estamos más gordos y otros más flacos? ¿A qué obedecen esas aparentes incongruencias metabólicas? Algunas pueden ser debidas a factores no tomados en consideración. Pero otro elemento importante a tener en cuenta es el factor genético, en especial por su incidencia sobre el metabolismo y, por ende, sobre el gasto energético.

Fuente: Grandes Medios