Irán. – Las protestas antigubernamentales en Irán han dejado al menos 2 mil personas muertas, entre civiles y miembros de las fuerzas de seguridad, según reportes de corresponsales de la BBC y declaraciones de un funcionario iraní citadas por Reuters. Expertos y testigos coinciden en que se trata del mayor estallido social en los 47 años de historia de la República Islámica.
De acuerdo con analistas, las manifestaciones actuales superan en escala y alcance a protestas previas, al extenderse no solo a grandes ciudades como Teherán, sino también a pequeñas localidades de todo el país. A diferencia de movilizaciones anteriores, los reclamos iniciales —de carácter económico— derivaron rápidamente en consignas que exigen un cambio de régimen y la salida del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre de 2025, tras huelgas de comerciantes por la devaluación del rial, y crecieron de forma sostenida, a diferencia de las movilizaciones de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, que alcanzaron su punto máximo en pocos días. Entre los cánticos más recurrentes se escucha “¡Muerte al dictador!”.
Analistas destacan la influencia de figuras opositoras en el exilio, como Reza Pahlavi, hijo del sha derrocado en 1979, cuyos llamados han circulado ampliamente en redes sociales. Aunque algunos manifestantes corean consignas a favor de los Pahlavi, expertos señalan que esto refleja más una búsqueda de alternativas al régimen clerical que un respaldo explícito al regreso de la monarquía.
Otro elemento distintivo es la postura de Estados Unidos. El presidente Donald Trump ha amenazado con represalias si el gobierno iraní reprime a los manifestantes y ha expresado su disposición a apoyar el movimiento, lo que ha elevado la tensión regional. En respuesta, Teherán ha advertido que atacaría intereses y aliados estadounidenses en Medio Oriente.
Las autoridades iraníes, por su parte, han atribuido la violencia a “terroristas” y a la injerencia de enemigos externos. Sin embargo, el contexto regional —marcado por la pérdida de aliados clave como el régimen sirio de Bashar al Assad y el debilitamiento de Hezbolá— ha dejado al gobierno iraní en una posición más vulnerable, mientras las protestas continúan y crece el desafío interno al régimen.






