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Privatizar las ganancias y socializar las perdidas – La Opinión de Miguel Ángel Ayala Barajas

Toda acción pública es merecedora de la opinión y, según sea el caso, enojo y satisfacción solo por mencionar algunas emociones, de los ciudadanos que nos sentimos afectados de alguna manera, por los impactos que dichas acciones públicas pueden generar en términos personales, económicos, partidistas y/o colectivos. Tal es el caso, del Informe Trimestral y Plan Emergente para el Bienestar y el Empleo por el COVID19 presentados el día de ayer, por el Presidente de México, en el que las diversas opiniones públicas y privadas no se han hecho esperar. Es de mencionar que, las sociedades avanzan civilizadamente en la medida que las mismas sean diversas y abonen al debate y la reflexión.

Se debe tener en cuenta, que el Gobierno Mexicano (como cualquier Gobierno en el mundo) es un actor económico más, así como las familias, las empresas y el sector externo; el Gobierno realiza actividades propias, con la obtención de ingresos (cobro de impuestos y contratación de deuda) y el ejercicio del gasto, para simplificarlo de alguna manera. En el desempeño de su actividad, el Gobierno Mexicano define el papel económico que ha de desempeñar, en ese sentido no se debe de olvidar que el caso particular del Gobierno Federal se ha pronunciado por un amplio sentido social, que representa que el dinero público ha de tener destino para las mexicanas y mexicanos con menores ingresos.

Tal inclinación del Gasto Público Federal y en general de los programas y acciones del mismo, no podrían ser diferentes, y no solamente por el volumen de votación obtenido por el ahora Presidente de México en el proceso electoral de 2018, en el que se anunciaba tal situación en caso de acceder al Gobierno del país, si no, porque los niveles de desigualdad y pobreza en México son por demás preocupantes; y para muestra, los datos de CONEVAL, que señalan que en el año 2018 existieron 61.1 millones de mexicanos en situación de pobreza (casi la mitad de los mexicanos); así como los datos del Banco Mundial, que indican que solamente el 1% de los mexicanos concentra el 43% del total de la riqueza en México (la mitad de la riqueza); es decir, la mitad de los mexicanos son pobres y muy pocos ricos concentran la mitad de la riqueza.

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Quizá para el lector pueda resultar difícil de entender, ya que al menos durante los últimos 35 años el centro de la política económica del Gobierno Federal Mexicano se enfocó en el uso del recurso público para el estímulo, aceleración y fomento de las actividades empresariales, mientras que el uso y ejecución del recurso público en desarrollo social presentaba un enfoque diferente al actual. No estoy señalando que el Gobierno Federal desdeñe la actividad empresarial, solamente pretendo exponer que la prioridad del mismo es el destino de los recursos públicos con sentido social más que empresarial, tomando como soporte los datos de pobreza y desigualdad mencionados.

¿Y el título del articulo?

El 05 de abril llegó, personalmente me dio la impresión que el sector empresarial en diversos niveles (pero el que tiene participación política, no así al que se toma de estandarte como el que está “más” necesitado de apoyos en el marco del COVID19) orquestó una campaña de atención a lo anunciado hoy el Presidente de México; en idea de, generar la expectativa de prorrogas o condonaciones en el pago de impuestos federales, créditos blandos o a fondo perdido, subsidios a determinados sectores económicos y general estímulos y apoyos al sector empresarial serían anunciados hoy; es decir, dinero público con destino al sector empresarial debido a las pérdidas que han tenido y esperan tener debido al COVID19.

Vale mencionar que la aplicación de las medidas esperadas tienen dos impactos en las finanzas públicas o las finanzas de todos los mexicanos, condonar o prorrogar el pago de impuestos disminuye los ingresos o el dinero publico disponible; mientras que, el gasto público orientado a subsidios y créditos al sector empresarial que no estaban considerados, significa distraer con tales objetivos los recursos que se tenían programados para otros fines (mismos que podrían ser la atención a la propia emergencia sanitaria en términos médicos y la ya mencionada pobreza y desigualdad).

En otras palabras, una parte del sector empresarial se esperanzaba en una reorientación del gasto público o en su defecto la ampliación del mismo mediante la contratación de deuda pública. En primer lugar, quien escribe considera que se trata de una parte del sector empresarial porque al menos en el discurso del Presidente se anuncia que en la siguiente

semana se presentará un plan de inversión en conjunto con la iniciativa privada (la otra parte); y en segundo lugar, justo una fracción del título del presente “socializar las perdidas”, ya que, mediante la reorientación del gasto o la contratación de deuda, el dinero público que amortiguara las perdidas empresariales por el COVID19, serian pagado por todos los mexicanos. De la fracción de “privatizar las ganancias”, queda claro el significado.

Esta vez cierro con una invitación a la reflexión, que quien me lee idealice el día siguiente de la superación del COVID19, a cómo será nuestra vida en términos generales y en particular, como será la vida para las dos posibles personas beneficiarias, en esta emergencia sanitaria, de las acciones públicas que someramente se han puntualizado: el beneficiario empresarial y el beneficiario social. Seguramente para ambos será duro ese día después. La reflexión personal es la de más valía.

Las opiniones vertidas en las columnas son de exclusiva responsabilidad de quienes las suscriben y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de Monitor Expresso