-
home Columnistas, Destacadas Primero como tragedia, después como comedia – La Opinión de Benjamín Mendoza

Primero como tragedia, después como comedia – La Opinión de Benjamín Mendoza

Al inicio del Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Carlos Marx nos arroja está premisa, la historia tiende a repetirse, la concepción de las cosas cobra otro sentido, en el imaginario colectivo lo que solía ser común de pronto ya no lo es, donde había solemnidad encontramos risas, el arraigo transmuta, la tradición deja de serlo para convertirse en anécdota, sin embargo, la esencia de dicha figura retórica nos lleva más allá, la torpeza del humano nunca desaparece, sólo su percepción de ella. La clave de las grandes transformaciones y de los procesos sociales es que éstas y éstos no se detienen, como lo afirmó Salvador Allende en su último discurso, ni con la fuerza. Sin obviar la relación intrínseca de la naturaleza con la dialéctica, también podemos recurrir a otra metáfora marxista para entender a México en los tiempos de la 4T, “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.

La Tragedia.

Durante los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, la oposición actual no se mostraba tan sensible, todavía recordamos como desdeñaron esa avioneta sobrevolando Stanford con la leyenda “40 000 dead! How many more?” o como vulgarizaban el sentir de los padres de los 43 normalistas desaparecidos al denostar las protestas masivas a nivel internacional por el caso Ayotzinapa” ¿Acaso esas muertes no les pesaban? ¿Por qué no se pronunciaban al respecto? Que alguien nos explique. Su indolencia incluso va más lejos, casos como la guardería ABC y Tlatlaya fueron minimizados y a quienes alzaron la voz ante tales hechos, se les atacaba al grito de “huevones”, “mugrosos”, “revoltosos”, “manipulados”, entre otros adjetivos a veces más humillantes, o estabas a favor o eras parte del problema, “por eso México no avanza” decían, “quieren todo regalado”, “son pobres porque quieren”, “de seguro en algo malo andaban”, pedían mano firme, pedían castigo para los delincuentes que alteraban el orden público.

La Comedia.

Quienes hoy atacan a Obrador por lo sucedido en Minatitlán, son los mismos. La hipocresía y la falsedad son su distintivo, el egoísmo y la maldad su bandera. Hoy buscan el linchamiento del presidente, hace algunos años buscaban el linchamiento de quienes como ellos hoy, disentían. Son siniestros, aplauden la tragedia, la buscan, la huelen, la saborean, para desprestigiar a un gobierno que ya no les pertenece. Como bestias furibundas, se revuelcan en la sangre de las victimas, de las cuales no saben ni sus nombres, victimas que ni les importan, pero de las cuales se sirven para embestir al único gobierno de la historia reciente que se plantea servir al pueblo. Maximizan la violencia cuando antes la ignoraban, hoy sienten las injusticias, el dolor del prójimo, antes ni si quiera lo veían, lo llamaban “daño colateral”. Su dolor no es legítimo, su comprensión del mismo no es objetiva, dejan la casa sucia y culpan de la suciedad a quien recién ha llegado a habitarla. Siniestros.

Quienes hoy atacan al presidente por elevar el debate sobre la moralidad de las leyes que deberían garantizar la impartición de justicia simplificando el hecho a la expedición del Memorandum contra la reforma educativa neoliberal, son los mismos. La avaricia y la corrupción son sus distintivos, la impunidad y el tráfico de influencias su sello. Hoy defienden la ley y su aplicación, hace algunos años la quebrantaban y utilizaban la Constitución como piza papeles, con el 3, el 27, el 39, el 42 y el 123 constitucional se lustraban los zapatos. Son mezquinos, interpretan la ley a conveniencia, hoy les parece debe ser respetada, por todos, menos por ellos. Crucifican búhos, prefieren venderse al mejor postor y huyen del debate, no les importa la justicia, les importa su justicia, no les importa la ley, les importa su ley. Arengan a los paladines de la balanza, prostitutas y prostitutos de ocasión, los exaltan, los promueven, los alaban, los placean, que redacten amparos al por mayor, que denuncien la inconstitucionalidad en la que ha caído el presidente, que se vendan, ellos tienen la plata suficiente para comprarles. Lloran en nombre de Carranza y modificaron a interés el legado de la Revolución, sollozan por lo que ellos llaman “el fin de la democracia” pero ni saben que se celebra el 5 de febrero, sínicos.

La incongruencia de los iracundos es fielmente comprobable, sus lágrimas son de cocodrilo. No se conmovían y ahora se conmueven, antes pedían palo para quienes protestaban en contra del régimen, hoy son ellos quienes intentan, porque no lo logran, protestar en masa y piden respeto a la libertad de expresión, no les preocupaban las muertes y las miles de fosas, hoy se admiran y se golpean el pecho, vilipendiaban y ridiculizaban a los opositores, hoy se quejan de recibir ese trato, acusan de polarización al presidente, cuando ellos lo llamaban loco, llaman al pueblo agresivo, cuando éste lo único que hace es responder ante los agravios sufridos, si alguien dividió a la sociedad mexicana, fueron ellos, no Obrador.

Lo sólido se desvanecerá.

Es difícil luchar contra la historia, pero no imposible. La 4T comienza a tomar forma, la estrategia de seguridad y las reformas constitucionales van caminando, poco a poco deberán ir cubriendo el largo y extenso territorio que ostenta la federación, pues si bien es cierto que las entidades gozan de soberanía y su propia división de poderes, no se puede ignorar que a cinco meses de gobierno, todavía existen zonas del país fuera de la capital donde la ley sigue siendo letra muerta, donde los derechos humanos son un mito, donde la corrupción de los caciques locales sigue impune, donde sigue imperando la fuerza de las armas sobre la razón, donde el miedo sigue siendo parte de lo cotidiano, donde el terror se desayuna, donde la miseria y la explotación son normales, donde es más peligroso ser estudiante o mujer que narcotraficante, donde la 4T, todavía no llega.

Las clases dominantes, históricamente, se aferran a su presente, conservar las cosas como están y propagar la idea de que éstas no pueden cambiarse es una de sus principales tareas, hegemonizar ese pensamiento en el colectivo, la principal, luchar contra esto y demostrar que los cambios son posibles es labor de la clase oprimida, ¿Qué papel juega entonces, bajo esta premisa, la oposición? Su conciencia tan cambiante les delata, prefieren mostrarse incongruentes a perder sus privilegios.

La historia tiende a repetirse, la primera vez sucede como una tragedia, la segunda vez como una comedia. La oligarquía y sus aliados, los partidos políticos del establishment, avasallaron al pueblo durante décadas, oponerse al régimen y protestar en su contra era trágico, la sangre de campesinos, estudiantes, obreros y maestros dan cuenta de ello, hoy, que el pueblo está en vías de tomar el poder, oponerse al régimen y protestar en su contra es cómico, las acciones de los opositores “legalistas” y “sensibles” que anteponen su interés

político ante el dolor y la justicia dan cuenta de ello; la torpeza del humano puesta de relieve, sólo con una percepción distinta de ella. Los procesos sociales no se detienen, por eso la 4T camina, limpiar el cochinero tardará, pero se hará, tiene que hacerse, poco a poco todo lo que parecía sólido comenzara a desvanecerse en el aire, y la historia, dialécticamente, nos volverá a situar entre la tragedia y la comedia, siempre tomando en cuenta, que después de tanta sangre, México ahora se encuentra en el segundo momento. ¡A reír se ha dicho!

Las opiniones vertidas en las columnas son de exclusiva responsabilidad de quienes las suscriben y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de Monitor Expresso