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PRI: un partido en debacle nacional, incluyendo Michoacán- La Opinión de Javier Lozano

“Estamos muy contentos en el PRI, porque será una consulta muy amplia, transparente, con reglas claras y esperada por la militancia. Se abole el dedazo de las cúpulas que tradicionalmente designaban a las dirigencias y a los candidatos, queda abolido el dedo de las cúpulas” Víctor Silva Tejeda

Estas fueron las palabras de Víctor Silva, el referente más visible del priismo en Michoacán, y quizá uno de los candidatos naturales del partido revolucionario institucional rumbo a las elecciones del 2021.

Me causa escepticismo y estupor;  soy de los que piensa que este partido tiene cambiar de raíz completamente todo; siguen siendo los mismos actores; los mismos cuadros; no hay nada innovador; las mismas prácticas siguen vigentes; acarrean una lista enorme de irregularidades internas.

El PRI vive un anacronismo que es resultado del descompuesto trabajo institucional y político que hicieron durante años. No hace apenas mucho, que se celebraron elecciones en distintos Estados de la República, donde el PRI confirmó nuevamente que su era dominante: es prácticamente un hecho anecdotario. Los años más maravillosos del PRI, han quedado atrás, en un pasado donde el poderío parecía invencible ante la aplanadora que ganaba Estados, distritos y era prácticamente imposible arrebatarle el poder del sistema en el ejecutivo federal.

La grieta que actualmente tiene sumido al revolucionario institucional, constituye un abanico extenso de concepciones implícitas en programas que acarrearon más incertidumbre en la sociedad, que beneficios. Es claro que a los actores del PRI, les interesa poco los proyectos de reformar una verdadera democracia en el país; más bien, fueron seducidos por las prerrogativas que brinda el sistema político en nuestro territorio y los espacios de la función pública donde el PRI arrastra un enorme lastre de actos de corrupción, nepotismo y demagogia.

Sin una dirección, desgastado y desacreditados por las malas actuaciones, el PRI se perfila a renovar su estructura nacional.

Paradójicamente el PRI en su proceso de selección sigue cargando con esa losa llamada simulación, albazo, acarreo y mentira; según el padrón que recolectó el instituto nacional electoral (INE), su padrón era de  6 millones 605 mil 740, sin embargo, en consejo político nacional, resultó que solamente 1 millón 300 afiliados están adscritos a este instituto político. Esto, deja al descubierto que las prácticas y mecanismos de selección siguen prevaleciendo como una práctica tradicional e implícita, sobre todo cuando se buscan posiciones y espacios; es claro que la búsqueda del liderazgo, se fundamenta en el control de la estructura, para definir candidaturas y recibir prerrogativas. Estas irregularidades, han sido la piedra angular de un priismo que cuya patología, renace en la irreparable estrategia por generar condiciones mediante procesos abiertamente democráticos.

Siempre el dudoso método de elección, deja suspicacias entre la militancia y los principales grupos internos al partido.

De aquel aparato omnipotente, solo quedan recuerdos que han agotado, debilitado y desgastado a sus principales bases; ahora, se disputaran la pequeña estructura que significa en estos momentos el PRI a nivel nacional. Pero el problema no termina ahí: actualmente tienen una crisis también financiera que les ha mermado la organización de sus procesos de restructuración; incluso, hipotecarán un inmueble para adquirir un préstamo que le permita operar el desarrollo de la elección que ya comienza con algunos candidatos.

Desde mi concepción, el nuevo dirigente nacional que sea electo, tendrá la enorme tarea y reto de recomponer una realidad que ha traído al país, incertidumbres

Los efectos que ha producido este debilitamiento político, radican en las múltiples acciones que ha concentrado el PRI, a lo largo de un presidencialismo donde se estancó un desarrollo democratizador en varios de los rubros que han sido el parteaguas y el descenso que concluyó en desastrosas derrotas, sobre todo la pasada elección, donde históricamente lanzaron un candidato ciudadano para reconocer el avance del cuasi pluralismo de sus órganos internos institucionales. Los resultados ya los conocemos perfectamente.

Ni la vieja escuela de hacer política, ni los nuevos cuadros de tecnócratas que tomaron el control del partido, mantuvieron esa segunda oportunidad de gobernar que les dio a mayoría en el 2012, porque la podredumbre interna del partido, ha sido parte del catálogo propagandístico de una guerra mediática emprendida por algunos medios de comunicación, que no han magnificado los retrocesos que ha tenido el país, como consecuencia de sus políticas neoliberales.

Es insoslayable que el desarrollo que ha traído el país, se ha dado en un largo periodo de los gobiernos del PRI; sí, pero ha crecido la pobreza, la desigualdad, la corrupción y los vicios antisociales de políticos que toman el poder por beneficio personal; eso por supuesto estanca el desarrollo sociocultural y educativo de una sociedad que ya merece un progreso a través de sus instituciones gubernamentales.

De aquella impresionante maquinaria priista, solo quedan 12 estados gobernados por el PRI, 62 diputados federales, y 13 senadores; y para las elecciones intermedias del 2021 el ambiente no pinta bien para el tricolor, por la tendencia que ha tenido a la baja. El PRI vivirá un verdadero cataclismo; si, durante años esa fuerza institucional, sindical y corporativista, ha ido diluyendo por el éxodo que han ido edificando otras corrientes de opinión.

El emporio político que construyó el PRI, solo queda la escasez que fue apremiando la ingobernabilidad y la nula democracia heredada por el viejo dinosaurio; aquel que nunca verían desquebrajarse; hoy se instalan como tercera fuerza política: algo histórico pero no irracional, ni atípico. Es evidente que sigue el mismo PRI, aunque quieran reconstruir un nuevo rostro; los mismos vicios, prácticas, oratorias, discursos, acarreo, mapachería y el dedazo siguen predominando explícitamente bajo la consigna al llamado de unidad partidista; la realidad es que el PRI trae una inercia de debacle sumamente significativa.

SI el PRI no procesa un desarrollo abierto, transparente y democrático en su elección, estarán prácticamente enfilando más derrotas electorales, que de por sí: ya son candidatos a perder más Estados.

Ese laberinto que ha construido el Partido Revolucionario Institucional, incluyen miles de recuerdos que producen la irritación social; el desaseo político se traduce en un peyorativo desarrollo, producido por: el clientelismo, la corrupción, la ingobernabilidad, la inestabilidad económica, política y social, pero sobre todo, en la herencia que se ha arraigado en las instituciones de los poderes del Estado.

Nos vemos pronto.

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