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Memoria: preocupación de pocos, molestia de muchos.

Por Karla Cerriteño Chávez /Columnista invitada

Fiestas patrias, cumpleaños, día de muertos, posadas, Navidad, Año nuevo. Estas y otras festividades son las que no podemos dejar pasar sin haber festejado de alguna forma u otra. No importa si el presupuesto con el que disponemos sea pequeño, debemos encontrar la forma de que estos días no pasen desapercibidos por el calendario. Pero, ¿qué pasa con los sucesos que han ocurrido recientemente en el país?

La memoria puede ser una gran herramienta si se quiere caminar hacia el frente, exigiendo que se resuelvan las cosas que deben ser atendidas y no caminar como cangrejos, de lado y esquivando los problemas que aquejan a la sociedad. Pero la memoria también puede ser un arma de doble filo si los que se encargan de establecerla seleccionan los hechos históricos que les convengan y, peor aún, los dibujan en los libros de historia a su antojo, con el fin de que el pasado sea visto con ojos serenos e indiferentes. ¿Dejaremos que esto último siga pasando con el caso Narvarte, Tlatlaya, Ayotzinapa y Ostula, por mencionar algunos?

Posiblemente lo veamos como algo lejano, algo que sólo le pasa a aquellos que están de revoltosos y que, por lo tanto, se lo merecían. Es probable que así fuera realmente, pero no podemos darnos el lujo de dejarnos llevar por esa “verdad histórica”, no cuando personas han perdido la vida de una forma brutal y, todavía después, sus casos no son atendidos con el seguimiento correspondiente.

Si realmente queremos un cambio, iniciar por el ejercicio de la memoria crítica vendría a ser un buen inicio. ¿Cómo conseguirlo? Escuchando las dos partes de la historia y no dejarnos llevar sólo por los que vencieron, pues corremos el peligro de que estos apliquen la justicia y establezcan una sola visión de lo ocurrido porque así les beneficia.

Hacer uso de la memoria crítica puede ser un trabajo arduo y que requiere constancia y disciplina, pero los frutos que se obtengan con ello valdrán completamente la pena. Claro, es una labor que requiere de la participación de muchos y no de pocos.

“Hay que aspirar a una historia que escape al maniqueísmo e intente arrojar una mirada crítica y lúcida sobre el pasado de nuestra comunidad. Es también la historia que se debe enseñar.” (Tzvetan Todorov)