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Lecciones de Keynes para la depresión económica del 2019 – La Opinión de Teresa Da Cunha Lopes

¿Se mantiene aún viva la teoría de Keynes para enfrentar la depresión económica del 2019? Mi respuesta es afirmativa, a la luz de las enseñanzas de la quiebra del 2008 y, en base a ese gran legado de Keynes que es la noción de que los gobiernos pueden y deben prevenir las depresiones. Así que retomo la reflexión del Premio Nobel de la Economía   Lucas, quien admitió, en el año 2008: “Supongo que en la trinchera todo el mundo es keynesiano “.

En 1935, John Maynard Keynes escribió a George Bernard Shaw: “Creo estar escribiendo un libro sobre teoría económica que revolucionará en gran medida – supongo que no enseguida, pero sí en el curso de los próximos diez años – el modo de pensar del mundo acerca de los problemas económicos”.



Y, de hecho, la obra más destacada de Keynes, “La teoría general del empleo, el interés y el dinero”, publicada en febrero de 1936, transformó la economía y la formulación de políticas económicas.

Ochenta y pico años más tarde planteó (otra vez) la siguiente pregunta: ¿Se mantiene aún viva la teoría de Keynes? Mi respuesta es afirmativa, en el sentido de que estamos cayendo en crisis económica y, para salir de ella tendremos que recuperar algunas (no todas) de las proposiciones keynesianas.

Dos elementos del legado de Keynes parecen estar asegurados. En primer lugar, Keynes inventó la macroeconomía – la teoría de la producción en su conjunto. Denominó a su teoría con la palabra “general” para distinguirla de la teoría pre-keynesiana, que asumía un nivel único de producción – el pleno empleo.

Al mostrar cómo la economía podría permanecer atrapada en un equilibrio de “subempleo”, Keynes desafió la idea central de la economía ortodoxa de su tiempo: que indicaba que los mercados de todas las materias primas, incluyéndose entre ellas a la mano de obra, se equilibran de forma simultánea y automática mediante los precios.

Además, el desafío planteado por Keynes implicó una nueva dimensión para la formulación de políticas: los gobiernos pueden tener la necesidad de incurrir en déficits para mantener el pleno empleo.

Las ecuaciones agregadas que sustentan la “teoría general” de Keynes aún están ampliamente presentes en los libros de texto de economía y dan forma a la política macroeconómica. Incluso aquellos que insisten que las economías de mercado gravitan hacia el pleno empleo se ven obligados a defender su posición dentro del marco teórico que Keynes creó.

Por ejemplo, los banqueros de los bancos centrales ajustan las tasas de interés para garantizar un equilibrio entre la demanda total y la oferta total, ya que, gracias a Keynes, se sabe que el equilibrio podría no producirse de manera automática.

El segundo gran legado de Keynes es la noción de que los gobiernos pueden y deben prevenir las depresiones.

La aceptación generalizada de este punto de vista se puede ver en la diferencia entre la fuerte respuesta en la forma de políticas al colapso ocurrido durante el período 2008-2009 y la reacción pasiva que se dio ante la Gran Depresión de 1929-1932.

Tal como el premio Nobel Robert Lucas, quien es contrario a Keynes, admitió en el año 2008: “Supongo que en la trinchera todo el mundo es keynesiano “.

La crisis financiera mundial del año 2008 lo confirmó. El colapso desacreditó la versión más extrema del enfoque que señala que la economía se autoajusta óptimamente; sin embargo, si bien no restauró el prestigio del pensamiento keynesiano, permitió hacer la demostración de que los países que se defendieron, a partir de la “trinchera  keynesiana,” fueron los primeros en salir de los “rescates “.

Sin lugar a dudas, fueron las medidas keynesianas las que detuvieron el desplazamiento a la baja de la economía mundial. Sin embargo, también cargaron a los gobiernos con grandes déficits, que pronto llegaron a ser vistos como obstáculos para la recuperación – lo contrario de lo que Keynes enseñó. Ya que el desempleo aún era elevado, algunos de los gobiernos afectados por la quiebra del 2008, volvieron a la ortodoxia pre-keynesiana, recortando el gasto para reducir sus déficits – y , en consecuencia, socavaron la recuperación económica en el proceso, acumulando costos sociales y crueldad burocrática.

Hay tres razones principales para este retroceso. En primer lugar, nunca se invalidó completamente la creencia en el poder que tienen los precios dentro de una economía capitalista para equilibrar el mercado laboral. Por lo tanto, la mayoría de los economistas llegaron a considerar que la persistencia del desempleo era una circunstancia extraordinaria que surge sólo cuando las cosas van muy mal, y que ciertamente no es el estado normal de las economías de mercado. El rechazo al concepto de incertidumbre radical de Keynes se encontraba en el corazón de esta reversión hacia el pensamiento pre-keynesiano.

El Segundo lugar, el keynesismo tuvo que enfrentarse a un “backlash” ideológico, desde la derecha, por un lado, agrupada en torno al neoliberalismo económico y, por otro lado, al ataque de los antisistema.

Hagamos una rápida revisión de la historia reciente (y de los errores de las décadas finales de la segunda mitad del siglo XX) de los gobiernos que marginaron al paradigma keynesiano.

Las políticas keynesianas de posguerra sobre la “gestión de la demanda”, a las cuales se otorgó el mérito de haber producido el gran auge posterior al año 1945, se encontraron con problemas de inflación a finales de la década de 1960. Alertados sobre el empeoramiento del trueque entre inflación y desempleo, los formuladores de políticas keynesianos trataron de sostener el auge a través de la política de ingresos – controlar los costos salariales mediante la firma de acuerdos nacionales con los sindicatos.

A partir de la década de 1960 hasta finales de la década de 1970, se intentó aplicar esta política de ingresos en muchos países. A lo sumo, se lograron éxitos temporales, pero las políticas siempre fallaron. Milton Friedman proporciona una razón que cuadraba con el creciente desencanto respecto a los controles de precios y salarios, y que reafirmó el punto de vista pre-keynesiano sobre cómo funcionan las economías de mercado. La inflación, dijo Friedman, sobrevino debido a los intentos de los gobiernos keynesianos por obligar a reducir el desempleo por debajo de su tasa “natural”. La clave para recuperar la estabilidad de los precios fue abandonar el compromiso de pleno empleo, debilitar a los sindicatos, y desregular el sistema financiero.

Finalmente, la tercera razón para que el keynesianismo fuera echado de su pedestal fue el desplazamiento ideológico hacia la derecha que comenzó con la primer ministro británica Margaret Thatcher y el presidente estadounidense Ronald Reagan. Este desplazamiento se debió más a la hostilidad existente hacia el Estado agrandado que surgió después de la Segunda Guerra Mundial y menos al rechazo de las políticas keynesianas propiamente dichas.

La política fiscal keynesiana quedó atrapada en fuego cruzado, ya que muchos en la derecha la condenaron como una manifestación de la “excesiva” intervención del gobierno en la economía.

Y, de esta forma renació la vieja ortodoxia pre keynesiana siempre preocupada con los números, con las medidas de austeridad y tan olvidada de las personas reales.

El objetivo de pleno empleo fue sustituido por un objetivo de inflación, el desempleo fue dejado a que por sí solo busque su tasa “natural”, fuera la que fuese. Con este equipo de navegación defectuoso los políticos tuvieron que navegar a todo vapor para enfrentar a los témpanos del año 2008. Con los resultados terribles y las tragedias personales, costos sociales que todos conocemos.

Así que, frente de nuevo al monstruo de la depresión económica que renació en este 2019, dos reflexiones finales, retiradas de las enseñanzas del 2008, sugieren un papel renovado, aunque más modesto, para la economía keynesiana.

Para la ortodoxia pre-2008, un shock aún mayor que el colapso per se,fue la revelación del poder corrupto del sistema financiero y el grado en que los gobiernos posteriores al colapso permitieron que sus políticas sean redactadas por los banqueros. Así que, para contrarrestar esta tendencia, controlar la tentación de someter, totalmente, a los mercados financieros en favor de los intereses de la justicia social y de la defensa de los programas que promueven la calidad de vida (salud, educación, seguridad social) se asienta directamente en la tradición keynesiana.

En segundo lugar, para las nuevas generaciones de estudiantes, la relevancia de Keynes puede situarse, en menor magnitud, en sus remedios específicos para el desempleo, como por ejemplo la necesidad de inversión masiva en infraestructura, en comparación con la mayor prominencia que pudiese tener la crítica de Keynes a su profesión en cuando a modelados construidos sobre la base de supuestos irreales.

Los estudiantes de economía deseosos de escapar del mundo esquelético de agentes optimizadores hacia un mundo de seres humanos plenos e integrales que se sitúan dentro de sus historias, culturas e instituciones se darán cuenta que la economía de Keynes es inherentemente comprensiva de dichos deseos.

Esa es la razón por la que espero que Keynes tenga presencia viva dentro de las estrategias para salir, antes que quede fuera de control , de la ya en curso depresión 2019 .

* (Nota: esta columna usa fragmentos de otras columnas personales publicadas sobre Keynes , a partir del 2009)