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Las relaciones entre tecnología y pandemia, parte tres, por Vandari M. Mendoza

Una breve historia desde la peste negra hasta el Covid-19

Fotografía/UB.EDU

Vandari M. Mendoza

Tercera Parte

La tecnología como “solución” a las pandemias

 En la segunda parte de esta colaboración hablé acerca de la tecnología como “causa” de las pandemias, especialmente sobre el papel crucial que ha desempeñado en la diseminación de las enfermedades. No obstante, desde otra perspectiva, la tecnología también ha permitido “solucionar” o contrarrestar el avance y los estragos de las pandemias. Las respuestas tecnológicas frente a los eventos de pandemia han sido múltiples, con experiencias cada vez más diversas, debido a la propia expansión de la tecnología. Por tanto, a continuación únicamente hablaré de tres aspectos tecnológicos que han sido comunes a las pandemias que hemos venido analizando: las mascarillas, la tecnología médica y la tecnología sanitaria.

Las mascarillas

La primera vez que se tiene noticia del uso de mascarillas en un evento pandémico fue con la peste negra o bubónica. Una de las manifestaciones de esta enfermedad se caracteriza por la inflamación de los ganglios linfáticos hasta el punto que se rompen y supuran un líquido nauseabundo, de ahí su denominación como “peste”. Por este motivo, durante la segunda pandemia de peste negra, durante el siglo XVII, los médicos europeos inventaron un medio de protección bastante sui generis y un poco grotesco: iban tapados de pies a cabeza con una larga túnica y llevaban una máscara picuda. Esta indumentaria se atribuye a Charles de Lorme, quien fue médico personal de muchos miembros de la realeza europea del siglo XVII. El objetivo de este singular atuendo era proteger al médico de los “miasmas” que supuestamente causaban la enfermedad, y que en aquella época se pensaba que se propagaban por el aire y podían causar un desequilibrio en los humores o fluidos de las personas. Para evitar los miasmas, los médicos de la época llenaban estas máscaras con triaca, una elaboración de más de cincuenta hierbas, polvo de víbora, canela, mirra y miel. Los especialistas de la época afirmaban que la forma alargada y picuda de la máscara daba el tiempo suficiente para que el aire se impregnara de esta solución protectora antes de llegar a las fosas nasales del médico, quien así no respiraba el aire contaminado.

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Posteriormente, cuando apareció la gripa española, fue la primera vez que las autoridades sanitarias recomendaron el uso universal de cubrebocas para evitar contagios. En México, por ejemplo, a finales de 1918, cuando los contagios estaban a su máximo nivel, el Consejo Superior de Salubridad publicó un documento donde señalaba que:

En esta época de epidemia, todas las personas deben estar provistas de una máscara. Los que hayan tenido gripa, con el objeto de no propagarla, y para no contraerla los que todavía no la han padecido. Esta máscara deberá tener como 20 centímetros de largo por 15 de ancho y formada por capas de gasa en número de 4 o 5, calculando que cada centímetro cuadrado tenga 50 hilos; serán sostenidas por 4 cintas que se amarrarán atrás del cuello, pasando las dos cintas superiores arriba del pabellón de la oreja. La máscara deberá cubrir la boca y la nariz para impedir el contagio al hablar, al toser y al estornudar. Cuando no sea posible conseguir gasa, se puede usar un pañuelo o un lienzo limpios con el mismo objeto, teniendo siempre el cuidado de que tanto la máscara como los lienzos sean desinfectados y cambiados con frecuencia, y usados siempre por el mismo lado (Periódico Oficial del Estado de Hidalgo, 24 de noviembre de 1918, p. 2).

Si bien es cierto que el éxito de esta determinación no fue como lo vemos hoy en día, es un antecedente de lo que seguimos empleando para disminuir los contagios. En la actualidad, como resultado de la pandemia por coronavirus, las mascarillas acrílicas y los cubrebocas se han instalado como tecnologías importantes para la prevención de la enfermedad. Salvo la polémica que se presentó sobre su efectividad, durante los primeros meses de avance del coronavirus, ahora está ampliamente reconocido que son un instrumento eficaz si se emplean de manera correcta.

La tecnología médica

Por otra pare, todas las pandemias han incentivado la invención de nuevos medicamentos e instrumentos para la prevención y tratamiento de la enfermedad o para el control de sus síntomas. Al respecto, la peste negra coadyuvó al descubrimiento y el desarrollo de los antibióticos; mientras que la influenza española y el coronavirus actual han propiciado el desarrollo de vacunas. En este sentido, el esfuerzo internacional que se ha realizado para el desarrollo de vacunas que enfrenten al coronavirus ha sido realmente extraordinario. No obstante, también es necesario tener presente que detrás de las vacunas subyacen diversos intereses económicos, políticas y geopolíticos que sería interesante analizar en otra ocasión. Adicionalmente, las pandemias han propiciado el desarrollo de artefactos médicos como los primeros inhaladores y ahora los respiradores artificiales.

La tecnología sanitaria

Del mismo modo, los eventos de pandemia que hemos analizado produjeron mejoras en la tecnología sanitaria. La presencia de estas enfermedades ha obligado a los gobiernos, a los investigadores y a las sociedades en conjunto a impulsar el desarrollo de tecnologías para mantener la salubridad y la higiene en los espacios urbanos. Los sistemas de alcantarillado, pavimentación, manejo de desechos industriales, etcétera, se han creado en parte para evitar las consecuencias funestas de las enfermedades. La peste negra de principios del siglo XX, por ejemplo, no solo produjo en nuestro país una mayor conciencia sobre la necesidad de mantener limpias las ciudades y las casas particulares, sino tecnologías para controlar las plagas de ratas y sus pulgas que transmiten la enfermedad. La gripe española también sirvió para el desarrollo de campañas de limpieza, sanitización y desinfección de los espacios públicos y medios de transporte. Ahora con el nuevo coronavirus hemos presenciado el surgimiento o la difusión de diversos productos higiénicos para la limpieza y la desinfección de superficies, pisos y ambientes, así como de geles, cremas y jabones con nano-partículas que destruyen el ADN de los virus y las bacterias.

Desde luego se han producido muchas otras tecnologías para contrarrestar a las pandemias. En especial hoy en día donde han aparecido desde aplicaciones de celular hasta complejos sistemas computacionales para observar el comportamiento global de la enfermedad. No obstante, lo importante es saber que la tecnología no han sido (ni será) la causa principal de la epidemia ni la panacea definitiva para acabar con ellas. Como lo hemos visto en esta colaboración, las pandemias tienen un comportamiento complejo, donde la tecnología juega un papel paradójico, en medio de múltiples relaciones sociales e interacciones con el medio ambiente.

Ir a la primera parte: (Las relaciones entre tecnología y pandemia por Vandari M. Mendoza)