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La violencia insidiosa en Michoacán- Opinión del padre José Luis Barragán

Desde octubre, el mes más violento en Michoacán y en todo el país, se han registrados desplazamientos cínicos, crueles y descarados como se dan en Chiapas y en el norte del país, debido a la guerra del narco con el narco. Miles de personas han tenido que abandonar sus casas, bienes y tradiciones sólo porque quedan en medio de la guerra del narco contra el narco y no hay gobierno, ni federal, estatal o municipal que se atreva a defenderlos.

En Michoacán sucede lo mismo, pero en una escala menor y sin estridencia alguna. Todo el Valle de Apatzingán y zonas aledañas, tanto de La Tierra Caliente, como de la sierra de Tancítaro están sufriendo el éxodo silencioso, pero no menos doloroso, de ser expulsados por los narcos de sus hogares, poblados y región. El eminente Silvano Aureoles reparte millonadas en Cenobio Moreno y puntos preferenciales, pero no menciona que en sus narices suceden enfrentamientos de los narcos; por supuesto que su muralla de guaruras lo protegen de cualquier contingencia. Hasta el arzobispo de Morelia es su cuatacho y le solapa sus irresponsabilidades. Jamás el señor Carlos Garfias denunciará los asesinatos, secuestros, expulsiones, robos de toda índole en el Michoacán de su “amigazo” Aureoles.



Lo mismo sucede en El Valle de Apatzingán, a ningún pastor, sea mitrado o no le importa el sufrimiento que sus ovejas padecen bajo el yugo del narco y la complicidad o irresponsabilidad del alcalde César Chávez.

Para prepararnos a la venida del Salvador, elevemos nuestras oraciones por los miles de michoacanos que han sido expulsados por la violencia narca y sus compinches policiales.