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La UMSNH perdida en su laberinto – La Opinión de Teresa Da Cunha Lopes

Las universidades han protagonizado un papel central en el desarrollo económico desde hace mucho tiempo, suministrando la capacitación, el entrenamiento, las ideas y la investigación básica que todos los países necesitan para asegurar el progreso y el crecimiento. La UMSNH no es una excepción.

¿Pero qué tan directamente debe involucrarse una institución académica, en actividades no académicas que generan desconfianza en su misión y visión y, que son de corte político?

Durante las últimas dos décadas la investigación académica realizada en un creciente número de facultades, departamentos y laboratorios de la universidad, le ha dado los instrumentos para sortear la grave crisis financiera, ha sido la base para el reconocimiento académico y, nos ha alejado de la politización que tanto nos afectó por el pasado

Paulatinamente, los profesores-investigadores han convertido a su quehacer en un proceso cada vez más transparente, contando con el soporte de una legislación universitaria que se ha estado adaptando (aunque no con la rapidez necesaria) y, de la instalación del respeto por el docente, por la libertad de expresión, la libertad de cátedra, el intercambio libre de ideas y, por la confianza en el principio de legalidad.

En consecuencia, los profesores-investigadores, así como los otros miembros académicos de las facultades han establecido procesos basados en el conocimiento, en su difusión y, en la certeza  (garantía convencional y constitucional), de ejercicio en ambiente laboral seguro y respetuoso del individuo. A menudo con estudiantes y empleados de apoyo, se han desarrollado proyectos, colaboraciones mientras mantienen sus puestos académicos, y las administraciones universitarias invierten en el apoyo a estas actividades sustantivas.

Pero es de utilidad recordar que las universidades han sido acusadas de destruir sus propios ideales y de olvidar su rol social, aunque lo que en el pasado inicialmente le pareció a muchos un conflicto de intereses (lo que es en realidad) con frecuencia es ahora justificado como confluencia de propósitos. Acusación que la realidad actual parece avalar. Por ejemplo, conforme las universidades empezaron de nuevo a politizarse, a identificar cargos burocráticos como peldaños para futuros cargos políticos, la investigación en el corazón mismo de la misión académica ha sido relegada a segundo plano y, los docentes son acusados de abandonar su tradicional papel pedagógico.

Ahora bien, tal como en el pasado (del cual , aparentemente ya nos habíamos liberado), la presencia de un inherente conflicto de intereses es sintomática de un profundo cambio en el aparato burocrático universitario que está destruyendo los valores axiológicos e imposibilita la concretización de la misión académica, dentro de los parámetros académicos internacionales.

Además, esto trae consecuencias gravosas, generando conflictos laborales, introduciendo rupturas internas, usando el clima de intimidación para establecer desconfianza, suspicacias y divisiones. Pero, eso no es todo. Más allá , al fortalecer la sub cultura de la delación por arriba de la cultura de la legalidad, el principio del oportunismo político por delante del respecto mínimo por el ser humano , lo más probable es que se vuelvan manejables conforme a los tiempos políticos y los miembros de las facultades descubran que dedicarse a la investigación en paralelo con la una docencia basada en el conocimiento, puede ser un acto fatal ya que lo único que es considerado es su sumisión incondicional a la narrativa única desde el poder . Estos cambios siguen siendo implementados y su impacto final en la universidad, como ahora la conocemos, es imposible de pronosticar. Aunque siempre será negativo. Mientras esto sucede, y esperamos por el tiempo en que las actitudes se modificarán de nuevo, estaremos navegando en aguas inquisitoriales, que si bien lo intentan, no disiparán la oposición al déficit de libertad de expresión , de opinión y de cátedra.

Las universidades no son el nuevo Lejano Oeste. Su autonomía de gobierno no significa que estén fuera de los principios, reglas y procedimientos del Estado constitucional de derecho. Sólo el respeto intrínseco por los principios de Justicia y pro persona nos van permitir salir de nuestro laberinto.

Las opiniones vertidas en las columnas son de exclusiva responsabilidad de quienes las suscriben y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de Monitor Expresso