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La santería en México, una visión antropológica

Mérida, Yucatán.-  En un artículo publicado en Conacyt escrito pro Marytere Narváez, informaron que la santería, como otras religiones afroamericanas consideradas por sus extraños como anacrónicas, en el mundo moderno no solo permanece sino que sigue creciendo y se sigue adoptando y adaptando en diversos países de América Latina y Europa.

Existen diversos textos sobre santería que pueden encontrarse en Internet y en algunas librerías. Sin embargo, la mayor parte de sus conocimientos son secretos y son transmitidos de mayores (“padrino”, “madrina”) a menores (“ahijado”, “ahijada”) de manera oral, a medida que se adquiere una mayor jerarquía al interior de la organización social de esta religión.

Para Nahayeilli Juárez Huet, adscrita al Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Peninsular, la santería es una religión iniciática fundamentada en la creencia de un (dios) creador, Olodumare, que gobierna el universo y se llega a él a través del culto a los orisha, deidades que fungen como sus intermediarios con el hombre.

Desde una perspectiva antropológica, la investigadora nacional con nivel I se ha dedicado a estudiar la santería a partir de la circulación, movilidad y adaptación de sus prácticas y símbolos culturales, en el contexto de transformación del paisaje religioso mexicano.

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, describió que esta religión nacida en Cuba ,y también conocida como Regla de Ocha-Ifá, surgió del encuentro entre las creencias de los esclavos africanos traídos a América durante el comercio transatlántico del siglo XVI al siglo XIX, las religiones de los esclavistas y las nuevas prácticas religiosas que tuvieron lugar en el suelo americano.

Comúnmente, los practicantes de la santería la reivindican de un sustrato yoruba, categoría étnica vinculada con la población del sudoeste de la actual Nigeria y parte de Benin y Togo. Más adelante, incorporó elementos del espiritismo europeo y se fue complementando con otras prácticas religiosas que surgieron en Cuba, como el Palo Monte de origen bantú.

“La santería ha sido producto de procesos sociohistóricos que ponen de manifiesto cómo se producen distintos ajustes de sentido y praxis religiosa dentro de procesos de circulaciones transatlánticas que incluyen a México”, resaltó.

En 2005, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) proclamó Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el sistema de adivinación de Ifá, uno de los pilares de la tradición orisha. Como resultado, en los últimos años han proliferado asociaciones, consejos y organizaciones internacionales, con sedes y filiales en más de un país que buscan promover y capitalizar dicho reconocimiento en sus comunidades religiosas locales.

Origen mítico: África a América

Algunos practicantes consideran la palabra “santería” como un término mal empleado para referirse a la religión Regla de Ocha, que tiene un paralelo en la rama bantú con el Palo Mayombe y el culto a Ifá. Otros consideran que incluso estos términos se usan de manera generalizada, como un nombre común dado desde la academia a las vertientes de la religión yoruba.

“Es el nombre que le dan los antropólogos y los investigadores para poder manejar una mejor comunicación, para que llegue la palabra al resto de la población. Pero realmente es religión de origen yoruba o religión bantú lo que se conoce como santería o Ifá”, afirmó William Oraá, babalawo (sacerdote de Orúnmila o Ifá) y vicepresidente de Relaciones Internacionales de la Institución Religiosa Bantú de Cuba.

La religión yoruba surgió en África hace más de cinco mil años a través del culto a la naturaleza. “La civilización humana comienza en África y de ahí se expande. Se conoce que los romanos y los egipcios hacían sacrificios a los dioses del viento, de la lluvia, de la siembra, del fuego, del agua, los mismos dioses a los que hoy nosotros les rendimos culto”, expresó.

Mientras que en África se rendía culto a cada deidad de manera diferente, según cada tribu, aldea o tierra, la compra aleatoria de esclavos de diversas regiones —entre los que no se encontraban príncipes ni líderes—, dio paso a una mezcla de conocimientos y rituales heterogéneos en el nuevo continente.

El yoruba que participaba en la casa como nana, sirviente o calesero escuchaba desde el portal, el traspatio o la cocina, la misa espiritual que realizaba el hombre blanco, que era católico y conocía el espiritismo, ya que este nació en Europa, describió William Oraá.

“Cuando hacían las misas espirituales y se hacía la llamada, viene el que viene. Había muchos congos, muchos yorubas que eran esclavos o domésticos dentro de la casa, y se convertían, se posesionaban esas espiritualidades de ellos. Los blancos empezaron a darle participación a esos congos y, a la vez, los congos y los yorubas comenzaron a introducir el espiritismo dentro de las religiones africanas”, resaltó.

“Orisha son las deidades a las que se rinde culto en la santería, el candomblé y otras modalidades que surgieron en América como vínculo con lo yoruba, y también de otras prácticas de origen africano con las que se mezclan”, describió la investigadora.

Para Juárez Huet, la santería puede concebirse bajo la noción de “religión vivida” en la que se establece una red de intercambios entre el mundo invisible y el mundo de los seres humanos, donde se incluyen las complejidades también presentes en las relaciones humanas, como el amor, la esperanza y la desilusión, entre otras.

Rigel Patrón, santero radicado en Mérida, Yucatán.

“Esta no es una ‘religión de libro’. Si bien hoy existe una sistematización documental por parte de los mismos practicantes, investigadores y de otros procesos de patrimonialización que han hecho que muchos de los contenidos de su cosmogonía estén ya registrados en libros, en realidad, la transmisión fundamental de las religiones afroamericanas en general ha sido a partir de la tradición oral”, resaltó.

Ceremonias secretas

Las ceremonias de esta religión buscan propiciar, generar o apaciguar las fuerzas que existen en el universo, para lo que se realizan ofrendas, cantos y promesas a los orishas.

Una de las ceremonias más importantes es la coronación o iniciación en santo (término popular para designar a un orisha), donde un orisha se asienta simbólicamente en la cabeza del iniciado para establecer una relación de intercambio que le permitirá sortear la vida. “Una ceremonia colectiva, compleja y muy bella que implica la participación de mucha gente, mujeres y hombres, donde cada uno tiene un papel”, indicó Juárez Huet.

Esta ceremonia no es accesible a los no iniciados, ya que se transmiten secretos importantes para ascender a diferentes niveles. Durante esta, se realizan lecturas del oráculo personalizadas para los iniciados; se les habla de su presente, pasado y futuro; se establecen ciertos tabúes y se dan símbolos esotéricos personales que solo pueden conocer las familias de los iniciados y los sacerdotes que los inician.

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Fuente: Conacyt