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La Pelota siempre al 10 – La Opinión de Benjamín Mendoza

Recordando canciones, verdaderas creaciones artísticas, que no se robarán la atención de esta columna que pretende ser un pequeño, pequeñísimo homenaje, partimos expresando que hoy, al igual que hace cuatro años, uno de los nuestros se nos ha adelantado en la carrera, lo curioso es que con su velocidad no se hubiera adelantado antes, hoy “el Diego”, el mítico “Pelusa”, ha dejado de existir como una persona simple y llanamente mortal para dar el salto al terreno de lo clásico, de lo dórico y de lo jónico, de lo no perecedero, de lo que se impone a las modas y tendencias, de lo que nunca muere.

Si yo fuera Maradona, viviría como él, cantaba Manu Chao a su puerta, y es que… ¿Quién no? Un niño de barrio, de extracto popular, apasionado, que sale de la nada para triunfar en su país con la 10 bien puesta, que gana copas, que humilla a la UEFA y hace de la nada campeón a un pequeño equipo de Italia, que grita, en palabras de Oscar Ruggeri, en el pasillo para opacar el chillido que la tecnología alemana reflejada en zapatos emitía al contacto con el suelo del pasillo del Estadio Azteca, previo a saltar al campo, el corazón puede más que los millones. Quien no viviría como Maradona, dejándose llevar por los excesos para aprender la mejor moraleja de todas, la FIFA es el gran ladrón.

Diego Armando Maradona y ese misticismo que siempre le acompañó fue único, su velocidad, su gambeta, su claridad en el campo, su garra, su entrega, su corazón, no por nada Dios le prestó, después de la terrible derrota en Las Malvinas, su mano, para que los colonialistas ingleses supieran de una buena vez que la guerra es un tema de humanos, pero que el futbol de Diego era un tema de dioses. Emulando a los hermanos argentinos caídos producto de una guerra que la mal llamada “Dama de Hierro” impulsaba, dejó a los ingleses uno a uno sembrados, Beardsley y Reid en el suelo, Butcher sin cadera, Waddle y Barnes no lo creían, Peter Shilton como en el paredón, ahí tan a merced de Diego, las redes se estremecen, el pueblo argentino grita, Latinoamérica entera grita, Robson en la banca no lo cree, Bilardo tampoco, Valdano y Ruggeri lloran… En la antigua Tenochtitlán, donde inició el colonialismo europeo, en esa misma ciudad donde Cuauhtémoc tuvo que rendirse ante la corona española, ahí mismo Maradona le decía a la Malinche, que ¡no!

Soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles canta Calle 13, y sí, todos los pobres del mundo fuimos, somos y siempre seremos el 10 argentino anotándole al imperialismo dos goles, que digo goles, golazos; de ahí que el Estadio Azteca no tenga un techo, los dioses querían verlo jugar en su máximo esplendor. Después de su rehabilitación en Cuba Maradona se volvió más elocuente, más irreverente, más atrevido, más revolucionario. Es cierto que para 1978 era un chico que desde la banca vio junto a Lavolpe la genialidad de Kempes en el Monumental para derrotar a la invencible “Naranja Mecánica” de Cruyff mientras a escasos metros se torturaba y asesinaba a los opositores de la dictadura militar operada por la CIA en la famosa “Operación Cóndor”, es cierto que a Videla nunca le increpó, pero también es cierto que después de su paso por Cuba algo en él cambió, tal vez entendió su responsabilidad histórica como uno de los nuestros, tal vez se dejó enamorar por la retórica excelentísima y romántica de Fidel, lo que es cierto es que se terminó yendo el mismo día que su comandante querido, sólo que cuatro años después.

Un niño pobre que se vuelve futbolista, un futbolista que se vuelve un mago dentro de la cancha, un mago que se vuelve un revolucionario, un revolucionario que se vuelve un pueblo, un pueblo que vuelve inmortal, vaya historia, sin embargo, el 10 también se volvió un símbolo, un símbolo de resistencia, de esas victorias chiquitas que nos recuerdan que si se puede, que siempre se puede, que ante la andanada imperialista aún siguen existiendo planos simbólicos donde la lucha entre el opresor y el oprimido sigue viva,  que hay terrenos donde no pueden con nosotros, donde los escenarios se visten de tonos sepia y el clamor popular no puede callarse, que existen momentos donde le decimos al imperialismo que ¡no! incluso jugando su propio juego.

Maradona no murió hoy, la FIFA lo mató en el 94, hoy está más vivo que nunca y su reflejo son los procesos progresistas en todo el continente, sumados a los ya heroicos ejemplos de resistencia de Cuba y Venezuela, hoy desde el Río Bravo hasta la Patagonia le deseamos un buen viaje al Olimpo, le agradecemos por toda esa magia que derrochó en las canchas y por toda esa congruencia que siempre le caracterizo. Tal vez de lo único que pudiera arrepentirse Maradona sería de no habernos dado un mejor jugador, una mejor persona, un mejor revolucionario, pero con todos sus claros y todos sus oscuros, el 10 no se va, Diego Armando no se va, diego Armando se queda porque Diego Armando Maradona es un pueblo, y ese pueblo, somos nosotros, nosotros siempre nos quedamos. “Que la chupen y que la sigan chupando”, porque con la zurda bien puesta y aunque les duela, la pelota siempre va al 10. Diego llegó a Macondo junto con mariposas amarillas.

 

“Entrevistador: Matías, ¿Maradona o Messi? ¿Quién es mejor para ti?

Matías Almeyda: Sin duda Maradona, Messi es un fenómeno, un crack, pero Maradona, Maradona es un pueblo.”

Fox Sports México, 2017.

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