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La muerte de una mascota, puede ser tan dolorosa como la de un familiar

España.- Quienes convivimos con animales sabemos del afecto que se forma, y más aún cuando compartimos con ellos las interacciones propias de tener mascotas: alimentarlos, cuidarlos, pasearlos, acariciarlos…

Las personas que han experimentado la muerte de una mascota viven un proceso de duelo porque han perdido un ser con el que habían creado un vínculo afectivo estrecho.

Muchas veces les contamos cosas que a nadie más le diríamos, de alguna manera nos ofrecen consuelo cuando estamos tristes o en problemas y nos entregan incondicionalmente todo su amor, alegría y lealtad.

Y al morir la mascota, se rompe todo eso. La rutina dispuesta para darle su alimento, salir de paseo, llevarle a la veterinaria… de repente se interrumpe.

Surge entonces una situación desconcertante, un momento para el que pocos se preparan. Ese ser tan especial ya no está y eso duele mucho, tanto como la muerte de un familiar, pues se trata de un dolor asociado a una relación establecida en la que, por supuesto, surgen sentimientos.

Pese a los grandes avances obtenidos en concienciación animal, la respuesta de una buena parte de la sociedad continúa siendo cruda. Si niegan la existencia del vínculo afectivo que se forma con las mascotas, también ignoran y hasta ridiculizan la experimentación del duelo. Y esto puede determinar de forma sustancial cómo la persona vivirá este proceso.

Ese ser tan especial ya no está y eso duele mucho, tanto como la muerte de un familiar.
Los especialistas reconocen que para una buena elaboración y superación del duelo no es aconsejable querer huir de esas sensaciones de dolor, pues no se pueden enfrentar si no se sienten.

Así entonces, quienes sufren la pérdida de una mascota merecen todo el apoyo y respeto de la sociedad como si se tratase de un familiar. Adaptarse a un ambiente en el cual falta el ser que murió no es fácil. Y así como las mascotas nos enseñan lo valiosa que es la vida, también nos hacen caer en cuenta lo duro que es aceptar la muerte.

Fuente original: Sergio Suárez / Grandes Medios