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La Karenina de nuestros días- La Opinión de Karla Chacer



Aún no termino de leer una de las obras más reconocidas de Lev Tolstoi, Anna Karenina, así que desconozco si la muerte de su protagonista ocurre justo al final o en capítulos antes de que el punto final aparezca. Sin embargo, la historia de Anna no deja de parecerme tan actual.

Y a pesar de que me arriesgo a caer en aquello que mis profesores insisten en evitar a toda costa, ser anacronista, no dejo de pensar que hay muchas Kareninas andando por ahí. No me refiero a morir en las vías del tren, sino a aquellas mujeres que debido a la presión social terminan por ser encasilladas en una categoría y no les permiten desenvolverse. Para quienes no han tenido la oportunidad de sumergirse en la prosa de esta gran novela, tranquilos, les explico brevemente la trama y qué puntos de ésta me han llevado a contextualizarla en nuestros días.

La historia comienza con el hermano de Anna, Oblonski, quien no sabe qué hacer para conseguir el perdón de su esposa después de que ésta lo descubriera engañándola con la institutriz. No se le ocurre otra mejor manera que pedirle a su hermana Karenina que vaya y hable con su cuñada, para que la traición quede en el olvido y todo regrese a la normalidad en la casa de Oblonski.

Hasta ese momento, Anna es considerada como una mujer noble, fina y que tiene una vida perfecta (con un adorable hijo, buena posición económica y un buen esposo). Pero todo cambia cuando conoce al conde Vronski, quien pasará a ser su amante. Como podrán ver, Tolstoi nos presenta dos casos de adulterio, la pequeña gran diferencia es que el hermano de Anna es perdonado por la esposa y la noticia no es tendencia social; por otro lado, el engaño de Anna hacia su esposo se vuelve tema de conversación en las reuniones, no solo eso, su círculo de amigos parece disfrutar el ser partícipes de los encuentros entre los amantes.

Si bien es cierto que los engañados manifiestan un sentir de dolor por tal acción, la esposa de Oblonski calla lo que ocurre y aparenta normalidad por el bien de sus hijos; en cambio, Alekséi, esposo de Anna, debe mantener la compostura para no ser señalado por la sociedad, ¿pues cómo puede ser posible que un hombre sea burlado de tan descarada forma por su esposa?

Como podrán ver, estas reacciones no son muy distintas a las que vemos en la actualidad: si el hombre engaña no hay problema, ah, pero si la mujer tuvo una aventura cuidado de que se sepa o será señalada como una zorra. Pero la cosa no termina ahí, si un hombre anda con una

mujer que ha tenido varias parejas, uy, seguro recibirá varias advertencias; lo mismo ocurre con una mujer que anda con un hombre que tiene una larga lista de relaciones, pero admitámoslo, éste no recibe tanta crítica como ocurre con la mujer, pues se percibe como normal.

Pongo otro ejemplo de Anna Karenina: en un breve pasaje, mientras los personajes se encuentran en una comida, varios hombres discuten los derechos y la educación de la mujer, claro, con el cuidado de que sus esposas y el resto de las mujeres en la reunión no escuchen para no aportar sus opiniones. ¿Les parece familiar esta situación?

A quienes no les parezca así, les comento dos situaciones: Martha Lamas, conocida por, entre muchas cosas, su labor feminista, organizó un congreso con esta temática… en donde todos los ponentes eran hombres; segunda situación, de ésta sólo vi una imagen que una amiga compartió en su Facebook, una mesa de diálogo sobre el aborto, adivinen… sí, nuevamente, sólo había hombres hablando del tema.

Si bien es cierto, cuando empecé a leer la novela creí que se trataba de una historia de enredos y romance, tal y como la ponen en la película protagonizada por Keira Knightley. Sí, así es, hay romance y enredos, pero si prestamos atención nos damos cuenta de que hay aspectos que trascienden, como los ya mencionados, no por nada se le considera un clásico de la literatura que sigue vigente hasta hoy día.