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La guerra de los grupos armados en San José de Chila

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No es una novedad que los ranchitos, San José de Chila, El Naranjo de Chila y Los Potros, los tres juntos, en las riveras del río de Chila, sufran la violencia extrema de los civiles armados, las familias rivales y desde hace diez años de los sucesivos narcos que regentean esos lugares.

En mil novecientos ochenta y siete se perpetró la masacre de las once personas del camioncito que transportaba a los habitantes a Apatzingán, el chofer, el cobrador, un niño y señoras y señores fueron todos masacrados un poquito antes de llegar al Naranjo.

Dos familias enemistadas a morir se asesinaban entre ellas, sin respetar señoras embarazadas, ancianas, familias, personas discapacitadas y quienes fueran. Fue un tiempo de mucho sufrimiento y dolor.

En el dos mil seis, con los templarios, hasta su defenestración, en el dos mil catorce, se vivieron terribles actos de crueldad y envilecimiento. Torturas, secuestros, asesinatos a plena luz del día, con su cuota de escarnio y burla.

Y ahora, en el dos mil diecinueve, se revive la misma violencia, pero más despiadada y terrible; por lo menos con Calderón algo menguaron los ataques directos a los ranchos y a las familias. Con Peña Nieto fue un desastre lo poco de seguridad que se había conseguido.

No hay a quien acudir, el ejército es convidado de piedra, la marina hace sus operativos sin dar cuentas a nadie, desapareciendo gente impunemente, la policía estatal en manos de psicópatas, antes, Martín Godoy y ahora, el Adriancito López.

De parte de la cuarta dimensión, el excelentísimo señor presidente de La República ha dicho que la aplicación de la ley a los narcotraficantes se anula, que pueden hacer lo que quieran con los ciudadanos, que no es cosa suya. AMOR, AMOR, AMOR.

Nuestro ínclito y honestísimo gobernador, don Silvano Aureoles y Conejo, expresa que la violencia es pura percepción de mentes callejeras, que desde su visión psicotizante, todo está en paz y que la violencia ha bajado en un noventa y nueve por ciento.

Así como el neoliberalismo fue eliminado por decreto presidencial, asímismo, la violencia en Michoacán ha sido borrada de la realidad por un hegeliano tropical.

Las Iglesias, mudas y complacientes, como siempre: cardenales, arzobispos, simples prelados y demás laya espiritualoide, callan, no sea que les quiten los privilegios y subsidios gubernamentales, como boletitos al Vaticano y otras ñoñerías que no son para dichas.

Desde el viernes pasado, el veintidos del presente mes, las antes mencionadas poblaciones han sido invadidas y aterrorizadas por los grupos delincuenciales que se han apoderado de los lugareños y les han causado terribles daños a casas, con bazucas y granadas, quema de vehículos, expulsión de habitante y agresiones contra ellos, y sobre todo la irrupción en la casa y el templo parroquial de San José de Chila. Las explicaciones salen sobrando, las fotos de las agresiones lo dicen todo.

Respecto a muertos, heridos, desaparecidos, expulsados y demás delitos contra la población, no se sabe nada, porque les han tumbado la señal de internet y telefonía, están completamente aíslados, indefensos e impotentes.
Creo que el obispo de Apatzingán visita mañana las comunidades agredidas, se espera que haga un comunicado oficial sobre lo acontecido ahí. El párroco del lugar, el padre Isaac Barajas, estaba ausente, atendiendo su salud, afortunadamente.