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La educación no puede esperar- La opinión de Teresa Da Cunha Lopes

Estamos en un momento de emergencia de un nuevo paradigma educativo en que tenemos que dejar atrás una política educativa que privilegia una escuela orientada a productos (máquina de egresados) para instalar la visión de una escuela orientada al desarrollo integral de sus alumnos.

Ahora bien, esta nueva escuela (estas nuevas organizaciones y estructuras educativas) necesitan inversión sostenida y continuada durante décadas. Para tal, necesitamos de llevar la innovación financiera a las escuelas, acompañada de innovación en las nuevas tecnologías de la educación .

Las respuestas a los problemas planteados en los diversos sub- sistemas educativos, no pueden ser solamente de carácter pedagógico y/o académico.

Obligatoriamente tienen que ser, también respuestas políticas, ya que las mismas deben estar encuadradas en una visión de nación y tienen que ser financiadas, en primer lugar, por erogaciones del erario, lo que no significa que no pueden estar dentro de esquemas que pueden recibir aportaciones de organizaciones internacionales y de fundaciones que canalizan la participación de grandes grupos corporativos.

Se trata entonces de una cuestión de política pública, que podemos enunciar (aquí, creo que existe un consenso general), como prioritaria. Una visión política que en los actuales tiempos de Pandemia debe colocar , centralmente, la cuestión de la educación en línea y de los sistemas mixtos.

Aunque el acceso a la educación en los subsistemas previos a la Universidad se ha expandido dramáticamente durante las últimas dos décadas, los avances en la oferta educativa superior han dado lentos pasos y no han sido exitosos en la transición a un aprendizaje de calidad que , además en el actual contexto de la era de la COVID 19 tiene que usar las plataformas en línea y la organización de los “salones de clase” virtuales.

En consecuencia, la educación superior y, en particular, el acceso a la educación superior de calidad ha permanecido fuera del alcance – hasta ahora- de la mayoría de los mexicanos.

La difusión de computadoras, teléfonos móviles y cobertura de banda ancha a las regiones más pobres del país y del estado de Michoacán, podría – y debería – garantizar que todos los jóvenes de comunidades aisladas, de familias de bajos ingresos y de grupos vulnerables, tener acceso a la misma información en línea y materiales de aprendizaje de calidad e ingreso igual y, en condiciones equitativas, a los de los grupos urbanos privilegiados.

En el pasado, la educación consistía en impartir conocimientos. Hoy en día, se trata de impartir conocimientos y de proporcionar a los estudiantes las herramientas para navegar en un mundo cada vez más incierto y volátil. O sea, en contextos económicos cambiantes, en mercados de trabajo en constante transformación y en contextos reales de pandemia y de post pandemia. O sea, la educación no puede esperar. La transición a la digitalización, asumida como una panacea frente a la pandemia, está aquí para quedarse. No desaparecerá , sino que se ampliará.

A esto tenemos que sumar otras variables ineludibles que visibilizan la urgente necesidad de fortalecer las estructuras de las universidades “virtuales”.

Las competencias, habilidades y destrezas que son más fáciles de enseñar y probar son también las más fáciles de automatizar o externalizar. Por ende, los egresados de programas escolares con curricula obsoletas serán los primeros en sufrir las consecuencias directas ya que salen preparados, rígidamente, para funciones propias de puestos de trabajo que estarán desapareciendo con la automatización y la externalizacion. Esto nos coloca retos, esos retos tienen que ser asumidos.

No afirmo, ni me vayan a entender mal los que siempre me quieren entender mal, que el conocimiento del estado del arte de la Ciencia y de la tecnociencia deja de ser importante. Pero la economía global ya no recompensa a los trabajadores por lo que saben (Google lo sabe todo). Les recompensa por lo que pueden hacer con lo que saben. O sea, como saben encontrar información, gestionar esa información, pensar “outside the box”, crear soluciones y adaptarse a cambios.

Ahora bien, es esto que NO estamos haciendo en el subsistema público (o muy poco).

Continuamos promoviendo la memorización en vez de la investigación, las jerarquías verticales en vez del trabajo transversal, la aceptación de los dogmas en lugar de la creatividad.

Sin embargo, la forma cómo trabaja el subsistema privado, también tiene grandes (y peligrosas) lagunas, como por ejemplo el de escamotear el conocimiento teórico, el de borrar los aportes de las humanidades y de las ciencias sociales, necesarios para la construcción de un pensamiento abstracto y de actitudes de cohesión social.

Así que, creo, deberemos encontrar un camino intermedio. Retirar lecciones de los dos subsistemas, eliminar lo que no funciona y potencializar lo que podría resultar ventajoso.

Aumentar el uso de la tecnología de la información y las comunicaciones (TIC), junto con un mejor acceso a las innovaciones educativas, maestros capacitados y trabajadores de la educación, permitiría, a través de rigurosos sistemas de evaluación y de una mejor medición de los resultados del aprendizaje, dotará al país y al estado, de medios para crear organizaciones educativas de alta calidad dentro del mediano plazo. Cuando hablo de” mediano plazo’, estoy hablando de los próximos 5 a 10 años.

Mientras tanto, los estudiantes de las universidades ( en particular de los nodos regionales ) que carecen actualmente de libros suficientes en bibliotecas que casi no existen o que no han sido actualizadas , de maestros altamente capacitados con perfil PRODEP y SNI , estarían conectados en línea a través de paneles solares y banda ancha inalámbrica a materiales educativos de calidad ( una extensión de la fórmula usada por CONACYT para financiar las bases de datos virtuales a los investigadores ) cursos gratuitos en línea de plataformas propias o de fundaciones en convenio, como COURSERA, y redes de trabajo compartido , incluyendo oferta compartida de grados, con otras escuelas superiores.

Hasta hace poco, parecía insoluble el problema, pero con voluntad política, inversión financiera y uso extensivo y, realmente adaptado al siglo XXI, de las herramientas tecnológicas educativas, pienso que podemos salvar los años, de la transición al sistema educativo superior universal ( en línea o blended) y de calidad en México.

Concluyendo , parte de la respuesta política consiste en promover el aprendizaje orientado a las habilidades a través de la vida de los trabajadores, en lugar de centrarse en la educación que termina cuando empieza el trabajo. Y, hacerlo bajo las nuevas condiciones de pandemia y, enfocadas a solucionar los retos post pandemia.

Desarrollar habilidades es más fácil cuando el aprendizaje se integra en el lugar de trabajo. Hacerlo también permite a los jóvenes desarrollar habilidades en equipos modernos y aprender a trabajar en contextos reales -incluyendo trabajo en equipo, comunicación y negociación- a través de la experiencia del mundo real, que paradójicamente puede ser fortalecida por el uso de las herramientas virtuales.

O sea, tenemos una tarea pendiente: transitar a una reforma del concepto de universidad. Una que integre las prácticas profesionales a la curricula (no una simulación) y desarrollar las estructuras de centros integrados con la IP para la formación continua y capacitación.

Otro enfoque político importante es la intervención activa en el mercado de trabajo, que incluye asesoramiento, ayuda para la búsqueda de empleo, subsidios de contratación para jóvenes con baja capacitación y apoyo a los ingresos de los jóvenes que buscan trabajo activamente o que quieren (y tienen ideas) para crear start -ups.”

Sin embargo, lo que estamos observando es un cuello de botella de la financiación de las universidades públicas que aumenta la desigualdad en el acceso a un derecho fundamental: la educación. Que reproduce la brecha digital que viene a sobreponerse al creciente índice de desigualdad social y refuerza la brecha de ingresos.

Ahora bien, garantizar la existencia de una educación de alta calidad, especialmente para los jóvenes más pobres del planeta, para las comunidades más pobres de la nación, para las regiones periféricas, no es un “lujo”, es cuestión de justicia.

La verdadera división es entre quienes tienen acceso a la educación y quienes la desean y no tienen acceso. Pero mientras la inversión en otras clases de infraestructura social aumenta, las innovaciones en financiación sostenible de la educación se están quedando rezagadas. Es este problema político que tenemos que solucionar.

Las opiniones vertidas en las columnas son de exclusiva responsabilidad de quienes las suscriben y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de Monitor Expresso