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La Castañeda, cuna de la psiquiatría mexicana

Fotografía/Wikipedia

Ciudad de México.- En los terrenos donde ahora se ubican las unidades habitacionales Torres de Mixcoac y Lomas de Plateros, en la zona de Mixcoac, residió el Manicomio General La Castañeda, cuna de la psiquiatría en México, se informa en un artículo de Conacyt, escrito por Aketzalli González.



Con el objetivo de reconstruir una parte de la historia y comprender la antigua concepción de la enfermedad mental, el maestro Daniel Vicencio Muñoz, candidato a doctor en historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha dedicado parte de sus investigaciones al estudio de la psiquiatría, neurología y en particular al caso del Manicomio General La Castañeda.

En conjunto con el doctor en historia Andrés Ríos Molina, investigador titular del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), estudia las implicaciones políticas de la creación del hospital, así como el papel que ocupó en la sociedad mexicana; además de entender la demolición de una institución importante el 27 de junio de 1968.

El hospital es recordado en la cultura mexicana por su imponente figura arquitectónica, y representó la institución psiquiátrica más significativa del país en el siglo XX. Fundado en 1910, es considerado uno de los principales proyectos del porfiriato que situaría a México en la modernidad científica.

El estudio historiográfico constituye una parte de la historia de la medicina y la antigua concepción de la salud puede vislumbrar las percepciones y conceptos actuales de las enfermedades mentales.

“En el porfiriato no había una profesionalización de la psiquiatría. Algunos de los médicos generales interesados en la psiquiatría fueron Juan Peón del Valle, Secundino Sosa y José María Bandera. La conformación de comunidades médicas definió a los especialistas en la psiquiatría. En La Castañeda surgió un proceso de profesionalización de la psiquiatría en México”, indicó el maestro Daniel Vicencio Muñoz, miembro de Historiadores de las Ciencias y las Humanidades A.C. (HCH).

El experto relató la historia de la emblemática institución de la cual hoy queda únicamente la fachada, rescatada en 1969 por Arturo Quintana Arrioja. En la actualidad pertenece al Centro Vita S.C., del que forma parte el Centro de Investigación y Desarrollo Empresarial (Cidem), administrado por religiosos de la congregación de los Legionarios de Cristo.

La arquitectura del progreso

Todo empezó el 1 de septiembre en el año 1910 con las fiestas del centenario de la Independencia. En la celebración fue concretada la inauguración de La Castañeda a las afueras de la Ciudad de México, con una arquitectura majestuosa basada en el hospital psiquiátrico parisino Charenton y con capacidad para mil doscientos internos.

El maestro Daniel Vicencio aclaró que la inauguración del manicomio tuvo un objetivo político más que profesional. Apartado de los ruidos de la ciudad y con estructuras iluminadas y amplias, la institución serviría como un recinto de observación de las enfermedades mentales, donde los médicos podrían especializarse en la psiquiatría.

La edificación fue concebida a partir de las necesidades de un nuevo enfoque de la medicina mental, con pabellones organizados según la clasificación de las enfermedades mentales.

La institución contaba con tres hileras de edificios, constituidos por los de servicios generales al centro, a la derecha los edificios para hombres y a la izquierda de mujeres. El edificio central correspondía al área administrativa y los pabellones de enfermos, explicó Daniel Vicencio.

En México, los trastornos neuropsiquiátricos ocupan el quinto lugar como carga de enfermedad al considerar indicadores de muerte prematura y días vividos con discapacidad. Cuatro de las diez enfermedades que más pueden provocar discapacidad son las neuropsiquiátricas (esquizofrenia, depresión, obsesión compulsión y alcoholismo).

Otra de las razones de su construcción fue el incremento de enfermos mentales quienes residían en el Hospital de San Hipólito y el Hospital del Divino Salvador. Con la inauguración del nuevo hospital fueron trasladados los pacientes de ambas instituciones. El especialista indicó que parte de los encierros fueron consecuencia del contexto social y los imaginarios culturales acerca de la locura.

Los secretos del asilo

Durante la Revolución Mexicana, el hospital fungió como asilo para los diagnosticados con alcoholismo y neurosis. Sin embargo, después de 1920 la institución sufrió escasez de recursos y sobrepoblación de pacientes.

Datos del Archivo Histórico de la Secretaría de Salud muestran que durante sus cincuenta y ocho años de funcionamiento, el hospital albergó alrededor de 61 mil 480 pacientes. Muchos internos fueron víctimas de discriminación y abandono por parte de sus familiares.

Ante los resultados, Daniel Vicencio concretó que el saber psiquiátrico tuvo como sustrato los referentes sociales y culturales que definían la anormalidad. El vínculo cultural unió al psiquiatra con las familias, ya que los médicos formaban parte de la cultura y su quehacer tenía lugar en función de las exigencias de la colectividad.

En los años siguientes hacia 1940, la psiquiatría tuvo repercusión en otros espacios públicos y políticos, indicó el maestro Daniel Vicencio. De tal forma, explicó que se impulsaron campañas sanitarias y departamentos de higiene escolar en la Secretaría de Educación Pública (SEP), descentralizando la asistencia.

Los médicos abrieron nuevos espacios de acción para conformar la disciplina con un uso práctico, algo pragmático con utilidad para el Estado y para las políticas públicas de salud.

“En la década de 1950 surgió la segunda generación de psiquiatras, médicos jóvenes con ideas novedosas como Guillermo Calderón Narváez, Héctor Cabildo. Ellos impulsaron la conformación de un concepto llamado salud mental”, explicó el especialista.

La segunda generación de psiquiatras promovió el cierre de La Castañeda y la apertura de granjas psiquiátricas y una nueva estructura asistencial psiquiátrica pública que hasta la fecha existe. En 1972, se inauguró el Instituto Nacional de Psiquiatría gracias a la iniciativa del doctor Ramón de la Fuente Muñiz.

La Operación Castañeda

Con el objetivo de entender las diferentes causas históricas por las cuales cerró La Castañeda, Daniel Vicencio consultó diferentes fuentes, documentos de archivos, mapas antiguos de la Ciudad de México y a otros especialistas.

“La idea era confrontar los discursos clásicos frente a realidades político-sociales para interpretar el cierre del manicomio. Fue un reto complicado, porque todas las fuentes me dirigían al hecho de que cerró porque los médicos habían sugerido una reforma en los sistemas de atención en psiquiatría pública”, reveló el experto.

Las fuentes oficiales apuntaban a que fue una obra política del presidente Gustavo Díaz Ordaz para ofrecer una mejor atención psiquiátrica a la población desprotegida. La demolición fue llamada Operación Castañeda, se ejecutó meses antes de los Juegos Olímpicos de 1968. La demolición duró casi un año y concluyó en la primavera de 1969.

“La razón principal fue el crecimiento urbano e intereses políticos respecto a la urbanización. El manicomio se encontraba en Mixcoac, un lugar aledaño a Tacubaya. Cuando cerró La Castañeda se inauguró la unidad habitacional Plateros, la unidad habitacional Torres de Mixcoac y una preparatoria“.

Una demencial expansión urbana

El manicomio se clausuró definitivamente el 27 de junio de 1968, una fecha particular, indicó el especialista, no solo por el movimiento estudiantil sino por cuestiones históricas, políticas, culturales y lingüísticas.

Para concretar su hipótesis, el especialista visitó la Mapoteca Manuel Orozco y Berra, donde consultó todos los mapas para documentar el crecimiento urbano de la Ciudad de México.

“Encontré un mapa de 1962 en el que observé que el manicomio fue absorbido por la Ciudad de México. Y esta es una cuestión muy importante porque los manicomios clásicos como La Castañeda, estaban planeados para estar lejos de las ciudades”.

Asimismo, el experto concluyó que parte de las negociaciones políticas tuvo relación directa con la construcción de seis instituciones psiquiátricas, entre las que se encuentran el Hospital Fray Bernardino, el Hospital Psiquiátrico Infantil, el albergue de San Miguel Eyacalco y tres granjas psiquiátricas situadas en la Ciudad de México, Puebla y el Estado de México.

Imaginario de la locura

Las enfermedades mentales afectan la calidad de vida de las personas. En el pasado, la locura fue asignada a fuerzas malignas, cuestiones morales o espirituales. En 1790, el médico francés Philippe Pinel, identificó la psiquiatría como una especialidad y las enfermedades mentales como producto de factores orgánicos, funcionales y emocionales.

Las alternativas para el tratamiento han derivado en avances en la farmacología, modelos conductuales y psicosociales.

El repaso por la historiografía de la locura y la psiquiatría en México revela el interés creciente por este campo disciplinario, y la transformación de la medicina con la incorporación de nuevos enfoques y técnicas terapéuticas.

“Fue en la década de 1920 que podemos hablar de una profesionalización de la psiquiatría. Cuando se conformó la comunidad de médicos que se asumieron como psiquiatras y fueron los que se apoderaron de la disciplina y definieron qué era ser psiquiatra. Muchos médicos de la primera generación de psiquiatras mexicanos fueron al extranjero a estudiar psiquiatría como Samuel Ramírez Moreno, Mario Fuentes Delgado, Matilde Rodríguez Cabo, Agustín Caso, Raúl González Enríquez. Ellos llegaron con un bagaje de conocimientos. Esta generación de psiquiatras hizo las primeras clasificaciones psiquiátricas en México”, aclaró Daniel Vicencio.

A pesar del abandono y los malos tratos a los pacientes, la sociedad científica de especialistas en psiquiatría tuvo su cuna en el Manicomio General La Castañeda, logrando sedimentar las bases de la psiquiatría moderna por la cual surgieron las primeras cátedras en psiquiatría y neurología, además de las sociedades científicas nacionales. Borrar este capítulo de la historia de México sería negar parte de la memoria colectiva y el avance científico en el país.

Fuente: Conacyt