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Justicia, ¿dónde estás? por Karla Chacer



Por: Karla Chacer

En teoría, la justicia es un derecho universal, por lo tanto, no se le puede negar a nadie. No debería importarnos la raza, el género, la edad o la religión, por desgracia, esas características que nos conforman como individuos pareciera que en realidad forman unas barreras enormes entre nosotros e impiden que veamos por el resto de una forma más objetiva, sin prejuicios. Es ahí donde entran las organizaciones internacionales que velan por este tipo de derechos, las cuales surgen ante la necesidad de atender los casos en los que se violentan los derechos humanos de una o de varias personas.

En el caso de la CNDH, esta organización atiende los casos que le llegan mediante las quejas de las víctimas, a partir de esto, la Comisión se da a la tarea de investigar el caso con el fin de que los derechos humanos de los involucrados no sean violentados, a su vez, emitirá una serie de recomendaciones a las instancias gubernamentales pertinentes para el tratamiento y resolución del mismo. Es aquí donde el actuar de la organización se ve impedido hasta cierto punto porque no se pueden materializar del todo dichas recomendaciones, esto se debe a que es el Estado quien tiene la última palabra respecto a lo que se hará con el caso en cuestión.

Pero si las instancias gubernamentales pertinentes no hacen las cosas como deben, ¿por qué la CNDH no actúa por cuenta propia y se encarga de sancionar a los victimarios y de resarcir el daño hacia las víctimas? Es una idea que he escuchado ser planteada por varios, sí, la propuesta puede sonar tentadora, pero no olvidemos que, ante cualquier cambio, siempre habrá algo que se pierda con ello. Si la CNDH se transformara en una dependencia de gobierno, perdería del todo su autonomía, además de que es probable que no atendería los casos con ese grado de objetividad, sin algún interés de por medio que no sea el de proteger a la víctima.

Entre más autonomía tenga la Comisión, adquirirá más presencia, por lo tanto, podrá actuar de manera más oportuna y con mayor libertad. Entonces, si dos de sus principales labores consisten en hacer recomendaciones y de acompañar a la víctima a lo largo del proceso, ¿qué sentido tiene su existencia?

Bueno, la factibilidad de este tipo de organizaciones depende mucho de cómo está constituido el Estado en el que ejerce, porque una cosa es que las leyes estén presentes de forma prometedora en una constitución y otra, muy diferente, es que se cumplan; para que esto ocurra es necesario se exija el seguimiento de lo que dicta la ley. Un cambio de mentalidad en el que la sociedad despertemos y nos demos cuenta de que informarnos no cuesta nada, basta con dedicar unos diez, quince minutos al día para leer lo que sucede en nuestro entorno, lo que nos permitirá ver las cosas de una forma un poco más abierta, además, al estar más informados podremos saber de forma más acertada cómo y qué exigir. Contribuiremos a que los casos se resuelvan y las víctimas no tengan que ser re victimizadas una y otra vez porque no hay un seguimiento apropiado de las leyes o de las recomendaciones que la autoridad reciba de las organizaciones.

Así, la justicia irá asomándose de su escondite y podrá aplicarse como debe.

“Si la justicia existe, tiene que ser para todos; nadie puede quedar excluido, de lo contrario ya no sería justicia.” (Paul Auster)

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