México. – El Gobierno de México presentó Coatlicue, una supercomputadora que, según autoridades federales, será la más poderosa de América Latina. Sin embargo, especialistas de supercómputo, tecnología y ciberseguridad han manifestado dudas sobre la magnitud y viabilidad del proyecto, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum.
El ingeniero Luis Areán, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, señaló cuatro problemas principales: ausencia de un protocolo científico de aprobación de proyectos; falta de correspondencia entre las aplicaciones anunciadas y las capacidades de una supercomputadora; uso indebido del supercómputo para tareas de minería de datos; y falta de un diagnóstico claro sobre quiénes usarán la infraestructura.
La empresa mexicana de ciberseguridad SILIKN consideró que Coatlicue corre el riesgo de convertirse en “una simulación tecnológica”, comparándolo con otros proyectos públicos de grandes promesas y resultados limitados. También advirtió que México enfrenta rezagos urgentes como baja conectividad rural, falta de alfabetización digital, escasez de especialistas y vulnerabilidad ante ciberataques.
A pesar de las críticas, algunos expertos, como Emilio Saldaña “Pizu”, destacaron que la supercomputadora podría impulsar la soberanía tecnológica del país, reducir la dependencia del poder de cómputo extranjero y abrir oportunidades de investigación. Sin embargo, advirtieron que el reto principal será su operación, mantenimiento y la formación de talento especializado.
Coatlicue contará con casi 15 mil GPUs y una capacidad de 314 petaflops, superando ampliamente a Pegaso, de Brasil. Su construcción tomará dos años y requerirá cerca de 6 mil millones de pesos, aunque aún no se define su ubicación. El proyecto involucra al IPN, Infotec y el IPICYT.








