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Entretelones de la vía ferroviaria Guadalajara-Manzanillo, hace 110 años

Colima.- A bordo de una locomotora del ferrocarril Guadalajara-Manzanillo, el presidente Porfirio Díaz vino a esta ciudad a finales de 1908, acompañado de un grupo de colaboradores, tras el tendido del tramo de la nueva vía entre Tuxpan y Colima.

En un artículo publicado en Conacyt, escrito por Pedro Zamora Briseño, informaron que este suceso, con el que se puso en marcha oficialmente la conclusión de la infraestructura ferroviaria entre el puerto colimense y la capital tapatía, despertó hace más de un siglo el interés y la algarabía de diversos sectores de la sociedad colimense, que recibieron con júbilo la visita presidencial y festejaron la entrega de la nueva obra que contribuiría significativamente al transporte de pasajeros y el intercambio comercial entre las dos entidades del occidente del país.

Sin embargo, aunque mucho se ha escrito sobre este suceso, poco se ha dicho sobre los entretelones y conflictos que rodearon la construcción de la vía ferroviaria que, desde entonces, han permanecido ocultos, fuera del alcance de la opinión pública, y que a casi 110 años de ese acontecimiento son investigados por el historiador Servando Ortoll, doctor en sociología histórica por la Universidad de Columbia, en Nueva York, Estados Unidos.

En su conferencia Cuando la ‘Palanca del progreso’ cambió de manos, notas a propósito del tren de Manzanillo a Guadalajara, ofrecida recientemente en las instalaciones del Archivo Histórico del Municipio de Colima (AHMC) en el marco del seminario Colima en el tiempo, de la Sociedad Defensora del Tesoro Artístico de México, Capítulo Colima (Sodetam), el académico detalló ese episodio histórico sin dejar de hacer alusión a la problemática surgida a su alrededor.

Una historia de inicios de siglo

Según registros de la época citados por Ortoll, entre ellos el periódico oficial El Estado de Colima, el presidente Porfirio Díaz llegó a la capital de Colima poco después de las 10 de la mañana del 12 de diciembre de 1908, en una locomotora donde venía acompañado del vicepresidente de la república, Ramón Corral; ingeniero Leandro Fernández, secretario de Comunicaciones y Obras Públicas; así como el coronel Miguel Ahumada, gobernador de Jalisco, y personal del Estado Mayor.

En otra locomotora llegaron el señor Felton, presidente del Ferrocarril Central; el licenciado Salvador M. Cancino, apoderado de la Compañía de dicho ferrocarril; el señor Julio Limantour; el licenciado Rivas Cervantes; Juan L. Lomelí, secretario de gobierno de Jalisco; Rafael López, presidente del Tribunal de Justicia del mismo estado, y Sergio Sánchez, presidente del Congreso.

Al llegar el convoy, Porfirio Díaz fue vitoreado por la concurrencia, mientras la banda del 12o Batallón interpretó el Himno Nacional y se dispararon 21 cañonazos y una nutrida salva de cohetes, en tanto que en todos los templos de la ciudad hubo un repique general a la vez. El gobernador de Colima, Enrique O. de la Madrid, después de saludar al presidente se instaló en el carro que se le destinó con su comitiva, compuesta por Juan C. Solórzano, Manuel Rivera y Alberto Betancourt, presidente del Congreso, del Tribunal de Justicia y secretario de Gobierno, respectivamente, y partió el convoy a Manzanillo.

En el puerto, después de participar en una comida en su honor y escuchar un informe sobre las difíciles obras para construir el trayecto de rieles por el que apenas habían viajado, pasearon en la bahía a bordo del vapor Ramón Corral, escoltado por los vapores Limantour, Herrerías y Colima. Posteriormente regresaron a Colima, adonde llegaron a las 8:30 de la noche. Con todas las calles de la ciudad engalanadas e iluminadas, en el trayecto de la estación al Palacio de Gobierno se levantaron 15 arcos triunfales primorosamente confeccionados, y una vez en el balcón principal, el presidente de la república fue vitoreado y aclamado. Después, en el entonces teatro Santa Cruz se ofreció un banquete a los acompañantes del presidente y a la 1:00 de la mañana partió el tren presidencial rumbo a Guadalajara.

Semanas antes, el 28 de octubre había arribado a Colima el primer tren procedente de la Ciudad de México, compuesto por la máquina 514 y plataformas y furgones de servicio, que trajo un carro vestibulado en que venían los ingenieros Eduardo Prieto Basave, inspector del gobierno federal, y Lewis Kingman, jefe de ingenieros del Ferrocarril Central, cuyo viaje tenía por objeto practicar el reconocimiento de la vía con el fin de ver si se hallaba en condiciones de ser abierta al tráfico público.

Conflictos internos

En su conferencia, el historiador Servando Ortoll indicó que mientras todo parecía marchar perfectamente en lo relacionado con el tren, se habían dado cambios internos que no aparecían ante la opinión pública pero que terminarían en demandas que durarían varios años en resolverse.

“El año clave parece haber sido 1905, cuando el Ferrocarril Central Mexicano compró bonos por cinco millones de dólares al Ferrocarril Central Mexicano al Pacífico (o Mexican Pacific Railway Company). Esto, para apoyar a la segunda de las compañías a que construyera el trayecto de Tuxpan a Manzanillo, o de Guadalajara a Manzanillo. La compañía del Ferrocarril Central Mexicano a su vez cambió sus acciones por otras de Ferrocarriles Nacionales”.

De acuerdo con Ortoll, Henry Clay Pierce, quien construyó el trayecto mencionado de vía angosta, se vio envuelto en problemas legales que duraron al menos siete años. “Todo esto oculto a los ojos de un público demasiado absorto en ver las primeras locomotoras llegar a la estación en Colima. Apenas trabajo estos últimos materiales, pero siento que el caso puede abrir rutas, hasta ahora entorpecidas, de la historia de la línea de Manzanillo a Guadalajara”.

Como parte de los antecedentes de su investigación, Servando Ortoll narró cómo, durante sus pesquisas en bibliotecas y archivos de Estados Unidos, encontró un libro de Rose Kingsley denominado South by West (Al oeste por el sur), con el subtítulo Or Winter In The Rocky Mountains And Spring In Mexico (O invierno en las Rocallosas y primavera en México), que reseñaba el viaje del general William Jackson Palmer por México.

Ruta ferroviaria Manzanillo-Guadalajara-México en 1874.

“Para mí, fue un gran hallazgo porque Palmer pensaba correr las líneas ferrocarrileras desde Colorado hasta el Pacífico. O sea, en vez de atravesar el oeste durante el invierno y sin enfrentar el problema de los indios en el camino, su propuesta era llegar al oeste (es decir, California) por el sur (Manzanillo), y luego remontarse por mar hasta San Francisco”.

En 1873, Palmer había acompañado al general William Rosecrans, representante de Estados Unidos en México, en un viaje desde Manzanillo a Guadalajara y a otros puntos de México, pero después de este ambos tuvieron serias diferencias.

De acuerdo con el historiador, Rosecrans tenía su carácter y no conocía tanto a los mexicanos con los que trataba como creía, y Palmer simplemente desconocía cómo funcionaba el temperamento nacional. Los dos fracasaron en ese año de 1873, pero Rosecrans (y pese a la muerte de Benito Juárez, quien al parecer lo apoyaba) obtuvo a la larga apoyo del gobierno para su empresa.

Por su parte, Palmer abandonó todo esfuerzo por convencer a las autoridades mexicanas de que la vía angosta que proponía, amén de ser más barata, funcionaba mejor que la ancha. Al final, Ferrocarriles Nacionales usó al inicio la vía angosta para cruzar los campos del estado de Colima, aunque al final optó por un ancho de vía estándar.

Una historia compartida

Durante la conferencia, Ortoll contó que el año pasado recibió una propuesta por parte de Víctor Uribe Clarín, funcionario de la Secretaría de Cultura de Colima, para publicar un libro con fotos y texto sobre el ferrocarril de Manzanillo a Guadalajara, por lo que retomó información que había escrito hace 30 años en la serie Colima, una historia compartida.

Explicó: “En tres capítulos conté mi versión: uno que utilizaba materiales ya publicados que rescaté de bibliotecas norteamericanas (hablo de la prehistoria, cuando no existía la Internet) y utilicé para entender, a partir de autores que habían analizado las fuentes contemporáneas, los hechos; los dos capítulos posteriores los dediqué a lo ocurrido en Colima, basándome primordial, aunque no únicamente, en las noticias aparecidas en el periódico oficial El Estado de Colima”.

No obstante, admitió Ortoll que visto a la distancia, su trabajo tenía algunas carencias, entre las que resaltaba el hecho de que no estaba basado en fuentes primarias e inéditas, entre otras, por ejemplo, la correspondencia privada de los dos Guillermos: Palmer y Rosecrans, o bien, que por carecer de medios a su alcance en los años ochenta, no utilizó otros periódicos (regionales o nacionales) que enriquecieran o cuestionaran lo que afirmaba El Estado de Colima sobre el tema, por lo que escribir de nuevo sobre la línea de Manzanillo a Guadalajara, o de Guadalajara a Manzanillo, requería releer las fuentes secundarias, pero también utilizar fuentes inéditas o de archivo.

En consecuencia, acudió a un acervo en Puebla y a varios en Denver, Colorado y Los Ángeles, California, pero hasta la fecha se encuentra en etapa de rastreo de más información. A pesar de las dificultades que ha enfrentado, puntualizó, ya cuenta con algunos hallazgos y pistas para enriquecer y dar continuidad a esta investigación.