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Elecciones: la batalla por las redes sociales Por Teresa Da Cunha Lopes

¿Cómo van a utilizar las redes sociales los partidos políticos en la campaña electoral que se aproxima? Esta es la cuestión modal, principalmente, en la era de la Covid 19 que impone restricciones a los mítines, a los formatos de los informes de gobierno , a las actividades de proselitismo.

La gran batalla electoral no es la programática, es la batalla de la desinformación y de las Fake news.

En consecuencia, la gran batalla electoral en redes sociales se desplazará de Facebook a WhatsApp, dé Twitter a Messenger, o inclusive a Instagram. O sea, de una mínima civilidad en Facebook estaremos incursionando en la más viral agresividad de los mensajes de persona a persona de WhatsApp, por ejemplo.

Así que, preparémonos para narrativas que “matan” sin escrúpulos, sin tregua y sin decencia .Por otro lado, esto obligará a los “estrategas “ a diseñar campañas muy pensadas, muy segmentadas y dirigidas de forma muy precisa a perfiles concretos , en particular con la compra de “influencers” que serán la cara visible y cuyos seguidores serán los verdaderos difusores. Sin olvidar, la necesidad de equipos preparados para monitorear el tráfico en redes, 24/7 y, preparados para responder en tiempo real.

O sea, la dinámica de las campañas electorales para ganar la “batalla por las redes” será la que definirá la posibilidad de una victoria , y el margen de la derrota en las urnas electorales. Tanto más, que el actual contexto de la Covid 19 va obligar a los partidos políticos a diversificar estrategias en diferentes plataformas: Facebook, Twitter, Messenger, WhatsApp, etc.

Diversificación obligatoria, no sólo porque todas las campañas tendrán, como ya lo planteamos, que lidiar con normatividades “tutti frutti” en la era del Covid 19, adaptadas a zonificación por “semáforos” de cerco sanitario diversos y dinámicos, sino también porque estamos en un momento de cambio de la lectura que el usuario hace de Facebook como medio de comunicación política. En resumen, las campañas electorales tienen que “absorber” la pérdida de confianza del usuario en la comunicación política vía Facebook.

Pérdida de confianza que, en realidad es una pérdida de credibilidad y, por ende una erosión de su capacidad de penetración en determinados nichos ecológicos virtuales.

Los estrategas electorales tendrán que, a lo largo de las próximas campañas, analizar la pérdida de influencia de Facebook como medio de comunicación político y, como instrumento de difusión de la narrativa de sus candidatos. también de la introducción de cambios en el algoritmo que han modificado la visibilidad de los contenidos difundidos por Facebook y, en consecuencia, a su alcance orgánico.

Los estrategas de las próximas campañas no deben olvidar que un segmento del electorado que tienen que ganar ( y llevar a votar ) es el grupo etario de los “millennials “. Esto implica centrar la difusión de la narrativa , no en Facebook , sino en otras plataformas. Tal es una consecuencia directa del hecho de que los mileniales usan otras plataformas a la hora de consumir contenidos: YouTube o Twitter son un espacio para las noticias , pero no hay que descartar Instagram, ya que muchos millenials lo usan con esta finalidad.

Aquí reside, precisamente, el aspecto innovador de este “momentum” electoral y, quienes lo supieran explotar tendrán una ventaja ( aunque mínima) sobre sus adversarios. Ahora bien, en contextos electorales altamente competitivos, con márgenes reducidas entre los posibles resultados, cualquier ventaja, por mínima que sea , puede hacer la diferencia.

En consecuencia, los partidos políticos y los candidatos independientes, se van ver obligados a diversificar sus estrategias e innovar en plataformas como Instagram , YouTube, Telegram, TikTok, WhatsApp, Snapchat, etc. Esto, especialmente, si se realmente quieren ganar el voto y producir un impacto que movilice a un electorado joven.

Las opiniones vertidas en las columnas son de exclusiva responsabilidad de quienes las suscriben y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de Monitor Expresso.