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El Mundo Al revés: Policías en huelga – La Opinión de Benjamín Mendoza

No sólo son marchas burguesas, ni pronunciamientos carentes de argumentación lógica para desprestigiar programas sociales, no sólo son los empresarios y ex presidentes movilizándose en las calles haciendo gala de cuan contradictorios pueden ser con tal de conservar sus privilegios, ni el clasismo racista disfrazado de meritocracia que ahora acusa al ejecutivo de ser el catalizador qué, mediante un discurso polarizador, obliga su existencia, no, no sólo es eso, ahora también, los policías federales se declaran en huelga.

Hace algunos días, tras confrontaciones con los altos mandos de la recién formada Guardia Nacional, lo que queda aún de la ya casi extinta, Policía Federal, se aglutinó bajo un pliego petitorio que de no cumplirse, les mantendrá en un paro nacional. Se pueden decir muchas cosas, se deben decir otras tantas, sin embargo, dicho ejercicio, está de más. Una institución sin resultados, un organismo cuya estructura corrompida maquilla su podredumbre a billetazos; extorsión, secuestro, violencia, negligencia, abuso de poder, violaciones a los derechos humanos, asesinatos, miedo, mucho miedo, horror, mucho horror, todo eso es lo que la Policía Federal representa para el pueblo, una institución así no puede exigir nada.



Desde los tiempos neoliberales más violentos (en el neoliberalismo siempre hay violencia, pero unas veces más que otras), el chiste de la seguridad se fue contando como en una gira de Stand Up, en cada plaza se decía lo mismo, sólo se le agregaban matices locales para garantizar las risas del público en turno. Decenas de miles de muertos, impunidad a todos los niveles, ex gobernadores prófugos, carteles de la droga ilusoriamente desmantelados que en realidad se reconfiguraban y cambiaban de nombre, estrategias fallidas, activistas, defensores de derechos humanos independientes y militantes políticos asesinados, estudiantes desaparecidos, fosas clandestinas; el país de las fosas, muertos, muertos, muertos, fosas, fosas con muertos, pueblo sin bienestar y desempleo.

Hoy nos piden que reconozcamos sus capacidades en las calles, hoy nos piden tolerancia con los bloqueos, hoy nos piden solidaridad para con sus familias, hoy nos piden comprensión pues sus derechos laborales, según su interpretación, están siendo pisoteados, hoy nos dicen que sólo seguían órdenes, que nunca lo disfrutaron, que sólo protegían a sus familias y así mismos, hoy nos dicen que son pueblo. Hoy la Policía Federal ha cosechado lo que ha sembrado en el pueblo mexicano.

La seguridad estatal nunca ha existido, el pueblo mexicano y sus más de 200 mil muertos en los últimos dos sexenios lo saben, hoy que se plantea el desmantelamiento de este cuerpo corrupto y caduco sólo pueden llorar y oponerse quienes han sido comparsas de dicha porquería. El pliego petitorio es ridículo, oponerse a la evaluación, desechar otras opciones de trabajo bastante loables equiparables en salario y bajo la misma línea, exigir un bono sin sustento, no querer enfrentar un detector de mentiras siendo tú el policía, exigir información y en los casos más radicales, exigir su liquidación, esas son sus demandas, también la evidencia de quienes han sido y de quienes ahora son.

Con todo resuelto y con Calderón fuera de la jugada, no tendrán otra opción, nuevamente, el gobierno del pueblo les ha derrotado. Terminar con los negocios “chuecos” y con la corrupción en materia de seguridad demanda medidas drásticas, la negativa de gran parte de la Policía Federal ante las nuevas políticas en ese rubro responden a la resistencia de cambio natural en el colectivo, y es que de pronto actuar correctamente en un país con un tejido social resquebrajado y con una esencia tan contaminada parecía lo incorrecto, bajo esa misma lógica, renunciar a eso cuando de por medio había privilegios de todo tipo y a todos niveles, les parece una locura.

Así como el policía que decide ser policía porque puede aceptar sobornos para complementar su salario, o el agente federal que se volvió agente para proteger al vendedor de droga y no para apresarlo pues eso le pondría en riesgo, hoy la base de la ya casi extinta Policía Federal debe tomar una decisión, es ahora o nunca, jamás han sido parte del pueblo, hoy tienen ante sí, una gran oportunidad para definirse, obviando los mecanismos constitucionales y lo que la CNDH pueda opinar al respecto, la presión no les alcanzó, el gobierno federal se muestra firme, y ante tal exhibición, renunciar a la corrupción con ganancias económicas para proteger y servir por primera vez a la comunidad será su principal dilema.

Otro capítulo del mundo al revés se cierra, esperando próximos, sólo recordarles a los policías federales el trato que se les ha dado, lástima que en Nochixtlán, la Autopista del Sol y Tiripetío, nuestros compañeros, el pueblo, no recibió su comprensión, si no sus balas.

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