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El Movimiento LGBTTI en la 4T ¿Qué hacer? – La Opinión de Benjamín Mendoza

A principios de la última década del siglo pasado, mientras el mundo colapsaba económicamente y la política mundial se reescribía, el fin de la historia llegaba, anunciado premeditadamente, para todos y todas los oprimidos. Las voces clamando justicia fueron silenciadas con la caída del muro en Berlín, el rencor de clase fue suplantado por salas de cine inundadas de Gremlins y los marginados, otra vez, tendrían que conformarse con sobrevivir como pudiesen. Las luchas emanadas del fenómeno cultural que significó la Guerra Fría, particularmente las nacidas en los años sesenta, conceptualmente, siempre se distinguieron de los movimientos político-armados independentistas, libertarios o revolucionarios por concentrarse en sectores específicos de la sociedad con demandas específicas, condición que los aisló e irremediablemente los llevó, en la mayoría de las ocasiones, al fracaso. El ejemplo histórico es claro, conciso y contundente, si el nivel de conciencia de los demandantes específicos no se eleva al grado de la contradicción fundamental representada en la dicotomía de clase opresor-oprimido, la atomización llegará por sí sola, sólo es cuestión de tiempo.

Hace 15 días más o menos, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció desde Palacio Nacional, en el marco de su conferencia matutina, el decreto presidencial por el cual, el día 17 de mayo sería nacionalmente conmemorado como “El día Nacional de la Lucha contra la Homofobia, Lesbofobia, Bifobia y Transfobia”, recordando además que el matrimonio igualitario ya es una realidad en 18 entidades del país y qué, el hecho de tomar acciones contra la discriminación y los crímenes de odio, responde a la construcción de una sociedad auténticamente democrática donde prevalece la libertad y la justicia, por su parte, el sábado pasado, el MORENA en Michoacán se sumó a la Marcha nacional denominada “del orgullo gay”, robando los reflectores de simpatizantes y opositores, resaltando la característica inclusiva del partido, el presidente estatal de dicho instituto político portó respetuosamente la bandera de colores con el logo del partido, la cual hondeó en el templete sin ningún contratiempo. De ésta manera, el gobierno de izquierda realiza un pequeño guiño a un sector que históricamente ha sido marginado y que en México era invisible para todos los niveles de poder, además de mostrarse plural e incluyente, sin embargo, por más



progresista que parezca esta medida y aunque el gobierno federal diseñe una estrategia de combate a la intolerancia vía la CONAPRED, la comunidad LGBTTI y en especial, el movimiento LGBTTI, tiene aún mucho qué hacer.

El derecho al matrimonio, a la adopción y la elaboración de estrategias educativas, culturales e incluso coercitivas para combatir la discriminación y los crímenes de odio son enormes conquistas por parte de éste sector, en los últimos años, incluso con la administración federal anterior caracterizada por su autoritarismo, el movimiento LGBTTI ha tenido la capacidad de ser visibilizado y de presentar sus demandas como problemas sociales que aquejan a la generalidad, para convertirse en prioridad de las agendas de muchas dependencias, aun así, el no repetir la historia de sus antecesores de las décadas de los 60´s y 70´s del siglo pasado debe ser su mayor preocupación, su máxima conquista.

Tras el mal llamado “fin de las utopías”, los movimientos denominados “altermundistas” o “nuevos movimientos sociales” surgieron en serie, y es que la ausencia de direccionalidad y de programa promueve el espontaneismo. Entonces de pronto el mundo se movilizaba de forma aislada, desde globalifóbicos hasta ecologistas, todos entonces presentaban algo en común y un mar de diferencias. La derrota que significó el no poder aglutinar a todo este tipo de expresiones anticapitalistas, en muchos casos, se debió al vacío que la desintegración de los partidos de izquierda, propiamente los comunistas, dejó posterior a la crisis política sufrida tras la caída de la URSS, pero en muchos otros, no fue otra cosa que el desdén por parte de estos institutos políticos, los cuales, bajo prejuicios y malas interpretaciones de la teoría revolucionaria, sobajaron a sectores históricamente marginados, como el LGBTTI y lo condenaron al exilio de la lucha en soledad. Nunca tuvieron más razón las palabras de Maquiavelo, “divide y reinarás”.

Hasta la aparición del MORENA, los partidos de izquierda y los movimientos sociales populares habían coexistido, por lo menos en la historia reciente de México, de forma separada, hoy el MORENA, dentro de su carácter amplio y su propio entendimiento de lo que es la izquierda, se plantea el trabajo en conjunto, por una parte, y por otra, la integración, buscando así redireccionar las luchas sectoriales, como la del movimiento LGBTTI, elevando el nivel de demandas hasta la toma del poder. Intentando llenar el vacío del que hablábamos y que el PRD no supo ocupar, el movimiento LGBTTI en México tiene una oportunidad histórica, suscribirse a un referente serio que se plantea la transformación de la nación mediante la toma del poder y qué, además de esto, es lo bastante progresista para incluirle en su agenda de prioridades.

Ante las crisis actuales y la imposibilidad del capitalismo para darles una salida, la reconquista del escenario político por parte de las teorías clásicas de la izquierda es inminente, la convergencia de las distintas luchas de carácter anti sistémico será la tarea principal de los partidos de izquierda a nivel mundial y el resurgimiento, del partido de clase como instrumento de toma del poder de las clases subalternas, necesario. El fracaso de los movimientos sectoriales fuera del partido, tanto en el pasado más remoto como en el más reciente, tiene su origen en el estancamiento de las demandas, pues imposibilitadas para transitar el espectro cultural y el sentir gremial, o son cumplidas y no aplicadas, o son negadas y olvidadas. La existencia de un programa que integre dichas demandas no sólo garantiza el seguimiento y el debate al respecto, también le da seriedad y proyecta, políticamente, la elevación de las contradicciones económicas, y por ende, el crecimiento de los niveles de conciencia de clase.

El movimiento LGBTTI deberá comprender que la discriminación y la intolerancia son producto de una educación que prioriza la desigualdad y que criminaliza la pobreza, que aunque esta se combata, la miseria no desaparecerá y que cualquiera que sea diferente, mientras sea pobre, no tendrá lugar en el mundo, por más “normal” que intente ser. El cambio de la 4T se plantea la transformación de la realidad para terminar con estos males sociales, sin embargo, de nada servirá si el LGBTTI no madura políticamente a la par de su posición mediática, la politización de sus manifestaciones y no la extravagancia será lo que determine su duración y su papel en la historia reciente. El camino, irremediablemente, debe ser la elevación de la demanda con respecto a la contradicción fundamental del capitalismo acrecentada y simplificada en los tiempos neoliberales, la distribución de la riqueza.