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Dos formas de hacer agricultura y un mismo mercado – La Opinión de Estanislao Soto Andrade

Indudablemente la tecnología nos ha permitido avanzar enormemente en cualquier proceso, en la agricultura la diferencia es abismal con respecto a aquellos tiempos donde se cultivaba por medio de coas y bueyes con arado, la demanda de los productos agrícolas lo exige, así que se desarrollaron máquinas que redujeran en gran medida el esfuerzo humano y sustituyera el esfuerzo animal, tanto que un hombre con una maquinaria “tractor” hacen el trabajo de muchos hombres en menor tiempo, con mejor calidad e inclusive con mejor precisión, se mejoraron las semillas y se ingresaron nuevos y mejores fertilizantes, pues eran extensas áreas las que se debían cultivar y la necesidad del producto era cada vez más fuerte, de esta forma se logró aumentar producciones, así como incrementar áreas de cultivo, aumentando la cosecha y abatiendo precios, siendo competitivos en el mercado, teniendo precios más bajos y cantidad necesaria para la demanda.

Pero que ocurre con aquellos que no cuentan con la solides financiera para poder comprar esta clase de semillas y mucho menos comprar maquinaria que les facilite el trabajo, aquellos que no pudieron seguirle el paso a la tecnología, quedándose con las coas y las yuntas para arar. En varias ocasiones me ha tocado la dicha de visitar zonas donde no se cuenta con tractores o alguna clase de maquinaria agrícola, las semillas las consiguen por medio de la selección (fruta o verdura más grande se utiliza para adquirir la nueva semilla), los procesos de trabajo son largos y las jornadas agotadoras, pero creo que lo más duro es al final de la cosecha, al descubrir que después de tanto esfuerzo el precio en el que venden no refleja el trabajo implementado, pues en el mercado existe un precio determinado, ya que el mercado no se mueve en base al esfuerzo y si en base a la producción final, pronto se dan cuenta que no son competitivos respecto aquellos que tienen la tecnología, aunado a esto, el precio al que se venden no es el directo al consumidor, es al del intermediario, que en algunas ocasiones no es sólo un intermediario y pueden ser varios antes de llegar al consumidor. Algunos productores intentan hacer la venta directa al consumidor, lamentablemente se enfrentan a muchas trabas, el lugar de venta, multas injustificables y otras justificables pero absurdas para el agricultor, extorsiones, entre otras más, muchas veces el resultado final es un agricultor defraudado, que regresa a casa con menos o apenas con el pago acostumbrado, con un fuerte sabor de vida a no volver a intentarlo. Otros tantos más intentan cambiar de intermediario, buscando en las grandes ciudades, en los mercados de abastos, pero se encuentran con la dura lección de vida que algunos de los vendedores establecidos aprovechan las oportunidades, pagando el producto muy por debajo que como comúnmente lo obtendrían, puesto que conocen la desesperación del agricultor, saben que no le aceptaran el producto donde comúnmente se lo aceptan, que perderán la carga de su producto y así como todos los sacrificios que han hecho por hacerla, el producto será difícil venderlo para él un día después, así que termina su día aceptando el precio que le ofrecen y con un amargo sabor de boca al sentirse fracasado.

Creo que es importante ayudar consumiéndoles directamente a los agricultores que toman la iniciativa de vender directamente al consumidor, no hace falta pedir que bajen su precio, pues

este siempre estará por debajo de aquellos que revenden el producto, siempre está fresco, es de buena calidad, lo más importante es que sin duda apoyaremos a que el campo se fortalezca.