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Depresión y ansiedad en el embarazo adolescente

Ciudad de México.- A los 17 años de edad, Guadalupe López supo que estaba embarazada. Agobiada por el miedo y la incertidumbre, decidió que no interrumpiría su embarazo aun cuando su pareja la persuadía de hacerlo. Ella sabía que su decisión de convertirse en madre también significaba renunciar a sus planes de vida profesional.

“Pocas adolescentes están preparadas para la maternidad, un número muy importante no la planeó y de ahí que sufran impacto en su proceso de maduración emocional que aún no se ha completado. El embarazo adolescente tiene efectos, incluso, en el proceso de embarazo”, dijo en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt la doctora María Asunción Lara Cantú, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, quien estudia el impacto a la salud mental de las niñas y jóvenes que viven un embarazo adolescente.

De joven entusiasta a madre prematura

En la actualidad, Guadalupe estudia una licenciatura gracias al apoyo de sus padres, quienes cuidan de su hijo de dos años de edad durante el día. Aunque se esfuerza al máximo para armonizar sus vida universitaria con la maternidad, ella modificó sus expectativas: el posgrado que soñaba con estudiar en el extranjero, ahora cambió por la urgencia de encontrar un empleo que le permita solventar la manutención de su pequeño hijo.

El caso de Guadalupe López es solo uno de los miles que se viven en México, país considerado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) como el primer lugar en embarazo adolescente con una tasa de fecundidad de 77 nacimientos por cada mil jóvenes de entre 15 y 19 años, es decir, 340 mil nacimientos anuales en mujeres menores de 19 años.

Ese contexto coloca el embarazo adolescente como un problema de salud pública; no obstante, las estrategias para prevenirlo ponen poco o nulo énfasis en el seguimiento a la salud mental de quienes ya tienen que lidiar con la responsabilidad de criar un bebé. Por ello, un grupo de investigación encabezado por la doctora Lara Cantú estudia el impacto emocional en aquellas niñas y jóvenes que, como Guadalupe López, ven, consciente o inconscientemente, truncados sus sueños tras acelerar una etapa que idealmente está reservada para la vida adulta, la maternidad.

Depresión y ansiedad

El trabajo que realizó a lo largo de la última década en torno a la salud emocional de las mujeres durante el embarazo y el posparto, así como la investigación de la salud mental de las jóvenes que experimentan embarazo adolescente en los últimos dos años, permitió a la doctora Lara Cantú identificar la depresión y ansiedad como trastornos frecuentemente asociados al embarazo adolescente.

Pamela Alejandra Patiño González

Al respecto, detalló que el primer paso que dio para entender el impacto a la salud emocional de las jóvenes durante un embarazo y posparto adolescente fue indagar la prevalencia de la depresión en ese grupo de la población, a través de un análisis estadístico de los datos contenidos en la Encuesta Nacional de Adicciones 2008, realizada por el instituto, y donde se incluyó una escala sobre sintomatología depresiva encaminada a adolescentes embarazadas o en el periodo posnatal.

Durante ese ejercicio (2012), Lara Cantú y colaboradores observaron que la sintomatología depresiva se mantuvo a lo largo de las diversas etapas, siendo más alta durante el segundo trimestre del embarazo (32.5 por ciento) y en madres con bebés de un año o más (24.7 por ciento).

Un segundo estudio estuvo a cargo de la maestra Pamela Alejandra Patiño González, asistente de investigación en el equipo de la doctora Lara Cantú. Entrevistada también por la Agencia Informativa Conacyt, la maestra Patiño González dijo que a partir de un estudio en adolescentes durante el primer semestre posparto, la depresión fue frecuente, con una proporción de 33 por ciento. La frecuencia de los síntomas de ansiedad fue de 18.3 por ciento.

“La sintomatología depresiva y de ansiedad que experimentan las jóvenes en el posparto, en muchos casos representa la continuidad de su aparición durante el embarazo, o incluso previo a este. Conocer estos datos es importante porque no solo podrían ser padecimientos asociados al embarazo adolescente sino que, en algunos casos, podrían ser un factor de riesgo del embarazo en edades tempranas”.

¿Cómo impacta la maternidad en la salud emocional de la joven madre?

Las entrevistadas refieren que la depresión que afecta a las jóvenes embarazadas provoca que descuiden sus citas de seguimiento de atención prenatal, están en mayor riesgo de abuso de sustancias, como tabaco y alcohol, y es frecuente que presenten productos de menor peso y talla, y partos prematuros.

Ya en el posparto, la madre con depresión posnatal no tiene la energía necesaria para atender adecuadamente al bebé y satisfacer sus necesidades afectivas. Eso genera problemas de vinculación madre e hijo en etapas tempranas, mismos que incidirán a lo largo de la vida del infante y cómo se relacionará con las personas en la edad adulta.

“Esta es una de las razones por las que comenzamos a estudiar la salud emocional pre y posparto en adultas; las madres son el objetivo primario, porque ellas sufren pero también existen consecuencias para el infante que pueden durar a lo largo de toda la vida, si es que no se atienden con oportunidad”, precisó Lara Cantú.

El siguiente paso en la investigación es identificar qué tan eficaces se sienten las adolescentes para satisfacer las necesidades físicas y afectivas de sus hijos y profundizar en el tipo de apoyo que requieren en esta etapa.

“Esa información es de gran relevancia porque permitirá generar estrategias de intervención que permitan a la madre prepararse para atender de manera adecuada a su bebé y brindarle las herramientas afectivas que garanticen su salud emocional cuando sea un adulto”, concluyó la maestra Patiño González.

Fuente: Conacyt