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“¡Déjenlos pasar!” – La Opinión del Padre José Luis Segura Barragán

Quienes se llamaban a sí mismo cosmopolitas fueron los filósofos estoicos, que consideraron ser completamente libres desprendiéndose de todo lo humano, patria, familia, ciudad, nación, religión y gobierno.

Como todos saben, cosmopolita quiere decir ciudadano del mundo, y por ende, libre de todo deber familiar, religioso y cívico. El ciudadano del mundo es el que no se apega a la tierra, la raza, la cultura y la religión. Es un marginado voluntario que vive fuera de la sociedad y en contra de sus leyes y costumbres.



Al renunciar a todo, si se vivía en sociedad, el estoico se preparaba para morir dominando sus pasiones, ejercitándose en el sufrimiento y aceptando un determinismo absoluto del acontecer humano.

“Tú no te das el papel en la obra que representa la humanidad, lo único que te queda es cómo representarás el que te ha tocado”.

Si además de estoicos, tales filósofos querían extremar sus creencias y vivencias, se hacían adeptos de los cínicos, los perrunos, quienes vivían rechazando a la sociedad y a las necesidades creadas por la cultura. Recordemos el ejemplo de Diógenes cuando lo visitó Alejandro Magno, quien lo encontró viviendo en un tonel vacío y semidesnudo, y le dijo: “Pídeme lo que quieras”, a lo que le respondió: “Quítate del sol, porque me lo tapas”:

Ahora, confundir como ciudadanos del mundo a un grupo de personas que emigran sin ton, ni son, por la terrible situación de sus lugares de origen, por su pobreza y por su deseo de progresar; NO JUSTIFICA LA REVOLTURA DE GENTES Y ENTRAR POR LA VIOLENCIA A UN PAÍS que les ha permitido siempre, con sus asegunes, el libre tránsito.

La caravana de los hondureños y aneñas es un gran desafío para el gobierno mexicano, que por un lado, por su entreguismo a Trump, debe de hacerla de gestapo mexicana y por otra debe respetar los derechos humanos con los que está comprometido con las naciones “civilizadas”; es difícil equilibrar la orden del tirano y hacer valer las libertades de una turba que se adentra violenta e ilegalmente en territorio mexicano.

Es un cohete para peña y para AMLO, para la legalidad y el humanismo, para las iglesias y para los ateos.

Es muy fácil decir: “Déjenlos pasar o que no hay fronteras”, porque sí hay fronteras y atrás de los siete mil, vienen muchísimos más.

Dios nos ayude en esta desunión y contradicción de opiniones y pareceres.

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