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Carta a Eufemio- La opinión del padre José Luis Barragán

“Te me caíste del pedestal, amigo mío, el más cercano y el más embustero.”
Es el inicio de una carta apócrifa que le envían a un conocido actor de la panoplia circense y meditabunda.

De manera inusual un ente impotente le habla de “tú”, siendo que no son iguales, uno es un hombre y el otro también.

Le reclama por ciertos rumorcillos licenciosos y de índole pueril, como es normal en los que una vez se quisieron y luego se turbulenciaron por detallitos viscerales.

“Te idolatré desde que te esperábamos con una gran ilusión, que serías el as necesario en el cortejo vilipendiado de las cartas marcadas.”

“Pero no, viniste a causar desasosiego, temor, esperanza, falsedad y mentira. Todo junto en una pócima asquerosa del infundio, la burla y el desprestigio total de tu alta alcurnia efímera y adolescentil. Tengo una llaga que supura odio, traición y engaño. Nunca te lo perdonaré, falso mesías, demonio con carita celestial.”

“¿Has venido a destruírnos, a acabar con nuestro reinado?”

“Sí, ya sé que tu misión es el catarismo puro, la espada desenvainada, la faz sonriente y el corazón de piedra; sí, ya lo has mostrado suficientemente, despeñando vidas, tronchando proyectos e incubando repulsivos entes estrafalarios.”

“Te has rodeado de lo más tierno y susceptible de embelecos.”

“El corifeo te alaba sin discordancia alguna, al fin que el incienso de la ira de Dios también engaña a los que Él quiere perder.”

“Regrésame la paz que prometiste; la bondad que de tus labios fluía cuando llegaste, las ilusiones que encendiste en mi bobalicón intelecto y que bien sabes cómo insuflar endriagos falsarios.”

“Engáñame otra vez con tu voz melosa y tu sonrisa encantadora; sí, cautívame nuevamente con tu tierna mirada de borrego a medio morir y de redentor en ciernes, siempre en asperezas sádicas, pero inmejorables.”

“¡Engáñame otra vez!”