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APATZINGÁN Y LA PAX SILVANAE Y EL GANSAJATO IRINO

Me cuesta mucho trabajo aceptar el total desamparo en que nos encontramos los habitantes de EL VALLE DE APATZINGÁN, principalmente en las áreas rurales, donde se vive en una prisión física y moral.

La violencia estridente, sangrienta, brutal y cruel, ya se hizo cotidiana y normal. Todos los días sabemos de asesinatos, desapariciones, secuestros, robos a mano armada, extorsiones, amenazas y desplazamientos forzados.

TODOS LOS DÍAS PASA Y A NADIE INCOMODA Y MENOS ESCANDALIZA.

Hay un pacto de silencio de todos los que conforman el crimen organizado con el gobierno y los medios de comunicación. La consigna: “Ver, oír, callar y aguantar.”

El modo del avestruz, meter la cabeza en la mierda dorada, y gritar a galillo resonante; “En Michoacán no pasa nada, nada, nada…”

Desde la cumbre de las corruptelas, los pactos nefandos, las conciencias podridas, los corazones gangrenosos, las lenguas bífidas, las turbias miradas enneblinadas de sustancias que se meten hasta por no sé donde, cuando por los orificios nasales y los otros no tienen cabida.

Los silencios cómplices de las masas temerosas, embrutecidas, infamadas de miedos reverenciales, con la servidumbre incrustada en las rendijas del espanto y el terror de ser la próxima víctima de la máquina de muerte, de la turba miserable, de los mensajeros de la muerte y de los dolores inmensos del genocidio de los más pobres…

Las religiones y sus orondos ministros ocupados en sus místicos rezos, en sus discusiones bizantinas y en sus banquetes de ensueño. Embebidos, ellos, en sutiles disquisiones del inframundo, del extramundo y del ninmundo; siempre adictos a las comas sinácticas y a las simbologías alejandrinas y alegorizantes. Viven ya en el cielo, nada les falta, ni comida, vestido y sustento.

Les gusta que los llamen maestros, padres, monseñores, excelencias, eminencias, santos padres y demás jerga de la clericalla de tinte farisaica.

De los gobernantes civiles nada digo, dechados de corrupciones y llenos de dorados sentimientos y adolarados consorcios.

EN FIN, EN LA TIERRA CALIENTE DE MICHOACÁN REINA LA PAX SILVANAE Y EL GANSAJATO IRINO.