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A puñaladas iguales, llorar es cobardía – La Opinión de Benjamín Mendoza

Semanas previas a la elección, el citado catedrático de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo protagonizó una polémica por su intento de coacción del voto hacia sus alumnos, mediante impresiones de pantalla de un chat y un audio, algunos de ellos hicieron públicas sus intenciones; el ya ex profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de dicha universidad llamaba a no votar por los candidatos de la coalición “Juntos Haremos Historia” representada en la entidad por el Morena y el PT a cambio de otorgarles una calificación de excelencia en el semestre, los cuales debían acreditar el hecho con una fotografía. Hoy, ante su despido y su apelación a éste y el pronunciamiento de sus comparsas del Sindicato de Profesores, se presenta como necesario escribir lo siguiente.

Diversos periodistas locales defienden abiertamente al abogado, hablan de legalidad y argumentan que la judicialización del caso terminará por darle la razón a Banderas, que la Universidad quedará en ridículo y que todo responde a un tributo que el rector de esta pretende ofrendarle al gobernador electo del estado, Alfredo Ramírez Bedolla, morenista de cepa. Muchos columnistas pro Silvano acusan lo mismo, satirizan al rector de la UMSNH y le dan su respaldo a Banderas, al igual que la sección sindical de profesores de la Facultad de Derecho. Cabalmente, lo conciben como víctima y lo elevan al grado de perseguido político. Pero, lector, usted que se gana todos los días el pan y que sostiene con sus impuestos la educación universitaria, ¿de verdad cree eso? Nosotros, que cursamos la universidad con sacrificios, nosotros que nos enfrentamos al desempleo, la inseguridad y el clasismo día con día, ¿pensamos lo mismo? Yo creo que no.

Mientras Banderas acusa politización junto a sus defensores, nosotros vemos deshonra, mientras ellos ven persecución, nosotros acusamos deshonestidad. La defensa del ex catedrático junto con sus comparsas, en un primer momento, fue la de calificar dicho acto, que por cierto, nunca ha negado, como una “broma”; seguramente le pagaban el exorbitante sueldo que percibía como profesor y miembro del Sistema Nacional de Investigadores para hacer “bromas” en espacios y tiempos laborales. En un segundo momento, su defensa fue cubrirse con el manto del “linchamiento mediático” propiciado por el autoritarismo que intenta callar su voz crítica y apagar la incipiente llama de la libertad de expresión, quienes tenemos la desfortuna de seguirlo en sus redes sociales, sabemos que si alguien ha alentado y concretado el linchamiento mediático en torno a actores políticos del MORENA, ha sido él. En un tercer momento, su defensa es la judicialización del caso, lo cual es su derecho, sin embargo, eso es lo que más molesta al ciudadano de a pie, al estudiante foráneo, a la maestra de secundaria, al plomero, al vendedor de tamales, a la reportera de fuente, a quien escribe esta columna, porque lo que se dice con la boca, Jorgito, se sostiene con los pies.

Nosotros vemos deshonra, acusamos deshonestidad y claro, como no hacerlo, si enviamos a nuestros hijos a las escuelas desde el nivel más básico no sólo porque creemos que es necesario que en este mundo globalizado ellos adquieran los conocimientos científicos y sociales pertinentes para poder ganarse la vida cuando sean adultos, sino porque también consideramos que deben poner en práctica valores emanados desde casa y cuya continuidad y desarrollo se materializa en las aulas. ¿Cómo no estar molestos con Banderas si la democracia que tanto dice defender, elección tras elección, se ve manchada por esta clase de actos? ¿Cómo no recriminarle tal situación si en lugar de asumir su error como un hombre adulto que es, recurre a la mentira y el disfraz para esquivar su consecuencia? Al igual que un asesino y que un violador, Banderas tiene derecho a defenderse, pero esto no es un tema de legalidad, es un tema de ética. La docencia nunca dejara de ser una de las profesiones más nobles del mundo, pero por personajes como Banderas se mancha su envestidura, desde pequeños en el barrio aprendemos a que vale más como persona alguien que admite sus errores y asume las consecuencias de sus actos que alguien que las niega y busca el mínimo resquicio para evadirlas. A esos, Jorgito, en mi barrio les decimos de otra forma, menos abogados.

En el mundo de la hipocresía, los honestos siempre seremos los malos. Atreverse a denunciar esta clase de actos, cuando sabemos que habrá represalias de por medio simboliza un acto de valentía, pero sobre todo, de dignidad. Esperemos que atrás hayan quedado los días en que Banderas de manera fúrica linchaba mediáticamente en sus redes sociales a todos los funcionarios federales actuales, esperemos que la UMSNH siente un precedente, que a Banderas le quede claro que la democracia que tanto dice defender se ha visto quebrantada por sus actos, que recapacite y asuma las consecuencias de estos y entienda de una vez por todas, que el reclamo hacia el falso autoritarismo que tanto abanderan él y su comparsas realmente es encarnado por él y por ellos. ¿Ahora nos queda caro por qué no confiamos en el INE? ¿Por qué siempre se asume que hay “mano negra” en toda la democracia procedimental de las instituciones del país? ¿Ahora nos queda claro quiénes son lo que de verdad atentan contra la democratización de los espacios públicos del país? Se vale disentir, Jorgito, se vale debatir, lo que no se vale es utilizar tu posición de poder para someter. Si el profesor no inspira, si el profesor no guía, no es un profesor, es un capataz.

Hay mucho que hacer por nuestra universidad, hay mucho más que denunciar, que esclarecer, el acoso sexual, la venta de calificaciones, la pedidera de regalos a cambio de una calificación aprobatoria son situaciones que poco a poco deberán ir desapareciendo de la cultura universitaria en la relación profesor – alumno, sin embargo, tengamos claro que éstas no serán concesiones, nuestro deber es denunciar estos actos y respaldar a quienes desde sus posibilidades emprenden esta clase de luchas en contra de un régimen que se niega a desaparecer, es nuestra labor situarnos del lado correcto y sin temor alguno señalar a quienes enquistados en las estructuras de poder, desde los espacios públicos más pequeños hasta los más grandes, se aferran a seguir abusando de sus subordinados, de los que menos tienen.

No llores Jorgito, aguanta, recuerda que “el que se ríe se lleva, y el que se lleva se aguanta”, no dañes más a nuestra universidad, acepta tu error y retírate como un ciudadano responsable, como un hombre adulto, ¿O no eras tú el que acusaba a López Obrador de autoritario, pero de Silvano no decías ni pío? ¿No fuiste tú quien llamaba a los movimientos feministas a crear un partido político para derrocar al presidente? ¿No eres tú quien debería educar con el ejemplo a los hijos e hijas de los trabajadores y trabajadoras del pueblo? Jorgito, no eres buen “mapache”, Jorgito, no se trata de sentencias, se trata de actos, Jorgito, a puñaladas iguales, llorar es cobardía.

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