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¡Prohibido leer! – La Opinión de Karla Chacer

Hoy es día del libro y creo que sería una excelente idea que se prohibiera leer, es decir, las autoridades prohíben el consumo de drogas y un considerable grupo de gente las busca sin parar; se prohíbe consumir alimentos dentro de las aulas y, cuando logramos pasar un alimento a éstas, pareciera que adquieren un sabor delicioso; se prohíbe beber cuando hay ley seca y muchos se provisionan días antes, aunque ese día no tuvieran pensado beber, para reunirse con los amigos y disfrutar del alcohol. Si este tipo de reacciones opuestas a lo que se ordena se manifiestan sin pensar, ¿qué pasaría en el caso de prohibirse los libros?

Seguramente habrá filas interminables de gente que espera con impaciencia entrar a las librerías, tratando de comprar la mayor cantidad de libros antes de que la nueva prohibición entre en vigor. Tal vez, llegando a casos extremos, hasta el tráfico de libros vendría a ser un excelente negocio en el mercado negro y la gente hablaría entre susurros, con extremo cuidado y emoción, de su último libro adquirido.

Los bares y cantinas serían la pinta perfecta para hacer reuniones secretas y así poder hablar de los libros que han conseguido, pasarían contactos para adquirirlos y planearían la forma de hacer que más gente pudiera tener acceso a los libros. No sólo eso, una vez al año se reunirían por las noches de forma masiva y clandestina para poder adquirir las mejores lecturas e irían con la esperanza de conocer a uno de los autores.



De ser así, ¡que se prohíban los libros! Así el escritor vendría a ser una figura anónima y sumamente misteriosa, todos querrían saber de quién se trata y no quedaría en el olvido; los editores serían una especie de padrinos que tendrían citas secretas con los autores a altas horas de la noche en lugares inhóspitos; los libreros serían los traficantes a los que todos querríamos imitar con su estilo de vida aventurero y serían los más buscados, tanto por los lectores como por las autoridades correspondientes; el lector vendría a ser el adicto que no puede dejar de sumergirse entre las letras a la espera de su próxima dosis de fantasía.