- Atole con el dedo – La Opinión del Padre José Luis Segura Barragán
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Atole con el dedo – La Opinión del Padre José Luis Segura Barragán

Por Padre José Luis Segura Barragán

Hoy desocupamos tres horas de nuestras vidas a los que conformamos La Mesa de Seguridad y Justicia de Apatzingán.

Por parte del gobierno estatal, el del honorable Don Silvano Aureoles Conejo, miembro eximio de la CONADE, se presentó gallardo, entusiasta y optimista, el diputado con licencia, el señor Don Juan Bernardo Corona, desde hace veinticinco días nuevo Secretario de Seguridad en Michoacán.

Toda la parafernalia del estado hizo presencia, militares, policías federales, ministeriales, estatales y municipales; toda una cohorte digna de un rajá de medio pelo.



Por parte de la ciudadanía apatzinguense, estuvo presente el memorable señor obispo de la diócesis de Apatzingán, el excelentísimo Don Cristóbal Ascencio García, quien dirigió un enjundioso manifiesto valorativo referente a la recuperación de los valores sociales, cristianos, cívicos y morales. En una breve pero emotiva diatriba, digna de un Cicerón criollo, conmovió a la audiencia, recibiendo muy merecidamente un estruendoso, caluroso y largo aplauso.

Por supuesto que las autoridades locales civiles, se lucieron en las atenciones de los invitados, el presidente César Chávez y su padre, reconocido benefactor del pueblo, Don Ambrosio Chávez. Todo fue miel sobre hojuelas, sonrisas de lado a lado, miradas sibilinas y gestos agarrotados. Ambiente refocilante, contenido por el sueño.

Otros conspicuos habitantes, representantes laudatorios de las clases pudientes, clase medieras y algún cleriquillo del poniente.

Los temas a dilucidar fueron pronto comprendidos, la seguridad de la región y la disminución de los díscolos.

El plan maestro a ejecutar es muy simple: de aquí en adelante no se tolerarán los robos a vehículos, se tendrán doscientos cuarenta ojos avizores, en otras tantas cámaras de C4, ese hermano menor, que no todo lo ve, y no todo lo reporta.

Sobre la prevención, se darán catecismos en todas las parroquias de la diócesis de Apatzingán, a infantes de cuatro años, a niños de hasta once, de adolescentes de treinta y cinco, y de adultos, matrimonios, dejados, en unión libre, adulterantes, panicados, adictos al sexo, a las anfetaminas, a sufrir, a cantar, a huir por las fosas de las drogas duras y por los reductos del cristal fumado.

En fin, del nacimiento a la muerte, brutal, sensual o vespertina, se oirá la voz del pastor que resuena dulce, atractiva, y repentina.

En las escuelas se suplirán los tratos rudos e indecentes, por corifeos de los héroes, se recitarán los sentimientos de la nación, al igual que las cantigas de los narcos más sentidas.

Bueno, para no enfadar, la reunión fue un éxito rotundo, y el que no lo crea, al futuro me refundo.